Leoness

La bacteria y la mina

Bajo el peso de la tierra roja y el silencio,

late Mponeng, un abismo de metal y oro,

donde la roca arde en un abrazo de fuego

a sesenta y seis grados de un calor sin retorno.

 

Se vierte el hielo, granizado de sal y viento,

ríos de frío para engañar al infierno,

bajando el aire a un suspiro soportable

mientras el hombre perfora el sueño eterno.

 

Tres saltos al vacío en cajas de hierro,

una hora de descenso a velocidad de rayo;

tres ascensores que devoran la distancia

entre el sol de África y el rincón más huraño.

 

Y allí, en la clausura de la piedra antigua,

el oxígeno es mito y la luz no tiene nombre,

habita la Audaxviator, la viajera audaz,

que no necesita del cielo ni del hombre.

 

Bebe del uranio, del átomo y la sombra,

alquimia pura en la soledad del estrato,

un milagro vivo que en la oscuridad total

respira el fuego de un mundo bajo contrato.