El fuego, la ciencia, el lenguaje,
la interpretación de sueños, la debida
labor del cazador y la astrología,
todo eso dió Prometeo a los seres de un día.
Y más signos que solo sabe la naturaleza
por este dios fueron compartidos,
que encadenado en su monte altivo,
padece por su amor desmedido.
Toda la cosmogonía es una cosmogonía.
Cristo redime a la humanidad en golgota,
y Prometeo justifica su voluntad titánica.
Eterno es su castigo,
más permanece tranquilo.
"Todo lo espero" exclamó el primer estoico,
que a despecho de un dios nos liberó del sueño sombrío.
Solamente obedece a la primogénita roca,
y no existen consuelos ni compasión,
sabe que su destino es del rigor
de un titán de su inclito calibre.
Cuando abundaba la oscura noche y desesperanza colectiva,
cuando la muerte era el centro y vivía aburrida,
cuando todos eran nadie y nadie eran todos;
allí se abrieron las puertas.
Atentos, hombres, los debidos talentos fueron entregados,
no nos queda de otra que honrar este lugar, con sus misterios y cuidados.
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Autor:
el bardo (
Offline) - Publicado: 23 de abril de 2026 a las 14:27
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, ElidethAbreu, SOY.-, Mauro Enrique Lopez Z.

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