El fuego, la ciencia, el lenguaje,
la interpretación de sueños, la debida
labor del cazador y la astrología,
todo eso dió Prometeo a los seres de un día.
Y más signos que solo sabe la naturaleza
por este dios fueron compartidos,
que encadenado en su monte altivo,
padece por su amor desmedido.
Toda la cosmogonía es una sola cosmogonía.
Cómo el Cristo crucificado en Gólgota, Prometo padece su amor y voluntad titanica.
Eterno es su castigo,
más permanece tranquilo.
\"Todo lo espero\" exclamó el primer estoico,
que a despecho del nuevo dios
nos liberó del terror sombrío.
A la primogénita roca obedece,
y no desea consuelos ni compasión,
sabe que su destino es del rigor
de un titán de su ínclito calibre.
Cuando abundaba la oscura noche y desesperanza conjunta,
cuando la muerte era el centro y vivía aburrida,
cuando todos eran nadie y nadie eran todos;
allí se abrieron las puertas.
Atentos, hombres, los debidos talentos han sido entregados,
no nos queda de otra que honrar este lugar, con sus misterios y cuidados.