AVISO DE AUSENCIA DE JUSTO ALDÚ
Estaremos ausentes por algún tiempo.
Estaremos ausentes por algún tiempo.
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 22 de abril de 2026 a las 04:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 37
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Alexandra I, ElidethAbreu, Classman, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco, Scarlett-Oru, CARMEN DIEZ TORÍO, Sheilo Sanz, Poesía Herética, Carlos Baldelomar, Antonio_cuello, Osler Detourniel, Emilia🦋, El Hombre de la Rosa, Javier Julián Enríquez, Violeta, alicia perez hernandez, Francisco Javier G. Aguado 😉, Mª Pilar Luna Calvo, Tommy Duque, leo albanell

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Comentarios8
Profundo, interesante, poema que invita a reflexionar, gracias por compartir.
Saludos, feliz día, Alex.
Querido Justo, se prueba que se hace canmino al andar.
Abrazos y gracias,
Estimado amigo Justo...
Según mi entender, el camino es la dirección que tomaremos bien o mal en el transcurso de la vida hasta llegar a la meta!
Un abrazo, gracias por tus letras y que tú día sea excelente!
Querido Justo, hoy tu camino no es un tránsito, es transformación. En tus versos hay una voluntad de despojo que incomoda y, precisamente por eso, resulta honesta. Ese “animal sin mapa” no es solo una imagen lograda, sino una declaración de principios: aquí no hay guía, solo experiencia vivida. Hay una voz que no se deja seducir por el viaje. Al contrario, desmontas cualquier ilusión de progreso lineal y colocas al sujeto frente a algo más incómodo: la imposibilidad de huir de sí mismo. Y quizá ahí reside la fuerza más honda del poema: en recordarnos que avanzar no siempre es ir hacia delante, sino atreverse a quedarse y mirarse sin artificios. Gracias por compartir una sabia reflexión un día mas . Feliz día. Un abrazo
Creo que esta frase encierra tu valedero mensaje:
/// Y sigues, no porque haya destino, sino porque detenerse sería negarte.///
Gracias por compartir, amigazo
Shalom
Cuando las letras versan de la vida el trovador se extremece de felicidad estimado Panameño y fiel amigo Justo Aldú
Saludos desde España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias, amigo JUSTO, por tu reflexivo y bello poema, en el que se vislumbra cómo el sendero vital, lejos de ser una trayectoria predeterminada o un anhelo ilusorio, se revela como una entidad dinámica, un organismo inescrutable cuya existencia se manifiesta bajo la impronta de la experiencia. Por lo que su naturaleza, a veces tan sutil como el polvo y otras veces tan profunda como una herida abierta, se nutre del aprendizaje intrínseco que emana de nuestro propio transitar. En ocasiones, nos invita a explorar nuestra identidad pasada y las habilidades latentes que aún no hemos tenido la oportunidad de desarrollar plenamente, invitándonos de este modo a una pausa introspectiva, pero nunca a un retroceso. Por otra parte, este camino, imperturbable ante las apariencias y las fachadas desgastadas, nos invita a liberarnos de artificios, que nos confronta con nuestra propia sombra. En ese marco, la comprensión que emerge tras esta experiencia no es solo intelectual, sino también visceral: la conciencia de que la esencia del viaje radica en la autoconstitución, en ser el propio territorio, la fisura, la brújula y el extravío. Siguiendo este camino, la continuidad se presenta como una necesidad imperante, no solo por la existencia de un propósito final, sino también como una llamada a la acción para evitar la inacción. En última instancia, el conflicto, si es que tiene fin, no conduce a una llegada tangible, sino a la silenciosa y rotunda certeza de la edificación personal forjada en el propio devenir.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Justo, amigo,
Tu poema, Justo, se mueve en esa frontera donde la filosofía deja de ser idea y se vuelve experiencia. Lo que dices del camino no es metáfora: es una intuición de antes del tiempo, casi ósea, sobre la identidad en tránsito. Aquí el camino no guía: desnuda. No ofrece destino: revela. No acompaña: exige presencia.
Me fascino cómo conviertes el avance en un acto de verdad. El poema sugiere que no caminamos hacia un lugar, sino hacia una versión más honesta de nosotros mismos; que cada paso es una renuncia a la máscara y un regreso al núcleo. Esa imagen del camino como un animal sin mapa es potentísima: algo vivo, impredecible, que nos lee mejor de lo que lo leemos nosotros.
Y el cierre es de una madurez luminosa: no hay llegada, no hay epifanía final, solo la certeza silenciosa de haberse construido en el trayecto. Es una visión profundamente humana: somos proceso, no monumento.
Gracias por este poema que piensa y acompaña.
Te envío un abrazo con cariño, porque:
POETAS SOMOS…
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