No comienza donde crees,
ni termina donde sueñas;
el camino es un animal sin mapa
que respira bajo tus pasos.
A veces es polvo,
otras, una herida abierta
que te aprende de memoria
mientras tú finges avanzar.
Hay días en que te nombra,
te llama por lo que fuiste
y por lo que aún no te atreves a ser;
y te detienes…
pero no retrocedes.
El camino no pregunta,
no perdona la mentira,
ni acepta máscaras gastadas:
te despoja,
te deja a solas con tu sombra.
Y entonces entiendes-
no con la mente,
sino con el hueso-
que no ibas hacia ningún sitio,
que eras tú el territorio,
la grieta, la brújula, el extravío.
Y sigues,
no porque haya destino,
sino porque detenerse
sería negarte.
Y al final -si existe-
no encontrarás llegada alguna,
solo la certeza silenciosa
de haberte construido en el camino.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026