El sabor de sus pecados
La besé…
con una hambre que no conocía,
con una dulzura que ocultaba mi veneno.
Y en sus labios tibios, temblorosos
probé el sabor de sus pecados
como si fueran miel
derramándose en mi boca
desde el fruto más prohibido.
Mis dedos recorrían su espalda
como quien descifra un conjuro,
y ella
me abrazó tan fuerte,
que mis demonios
despertaron uno a uno en mi piel,
arrastrándome al fuego
de su abrazo posesivo, ardiente,
implacable.
Su respiración se mezclaba con la mía,
y el tiempo dejó de existir.
Éramos jadeos,
sudor,
miradas entreabiertas,
un roce que gritaba
todo lo que el alma calla.
Sus manos dibujaban en mi cuerpo
un mapa sin regreso,
y cada caricia era una promesa rota,
una caída suave al abismo
de lo que nunca debimos desear.
Yo fui su infierno esa noche…
y ella
el pecado más hermoso
que volvería a cometer,
una y otra vez,
sin pedir perdón.
-
Autor:
R. (
Offline) - Publicado: 19 de abril de 2026 a las 15:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.