GUERRA Y PAZ

JUSTO ALDÚ


AVISO DE AUSENCIA DE JUSTO ALDÚ
Estaremos ausentes por algún tiempo.

Primero fue la cruz, después la espada,

ardió la fe con filo penitente,

la sangre en nombre santo derramada,

ungía al mundo en dogma contendiente.

 

Paz en la tierra, voz entrelazada,

más hoy truena el cielo en juicio inclemente:

«¿Haré nuevas las cosas?», proclamada,

así el trueno abre el sello refulgente.

 

Augusta paz y el credo combatiente

se besan como fuego y agua helada;

«Quien tenga oídos, oiga» lo latente,

pues toda paz nace de herida alzada.

 

Luego vino la paz amurallada,

con hierro antiguo y orden aparente,

guardando bajo piedra consagrada

la sombra del cuchillo persistente.

 

Guerra en el cielo, grito de alborada,

y así cae el dragón, fulgor ardiente;

«¡Ay de la tierra!», voz desencarnada,

cuando desciende el odio entre la gente.

 

Se alzó la torre altiva y coronada,

Babel de orgullo y lengua divergente,

y en cada pacto, ¿cifra dislocada?,

que firmó la ley del oro obediente.

 

«No vine a dar la paz, sino la espada»,

susurra el texto antiguo y vehemente,

y el hombre, entre fe y pólvora sagrada,

confunde redención y continente.

 

Mas otra paz, ¿de espíritu recata?,

late en lo humilde, leve y transparente:

«Bienaventurado aquel que no mata»,

aunque la historia grite que es urgente.

 

Vendrá un silencio limpio, no sitiado,

sin muros ni vigilia penitente;

«Enjugaré su llanto», ya anunciado,

y no habrá muerte en rostro del viviente.

 

Y al fin, tras tanta cruz ensangrentada,

se alzará luz sobre la vieja frente:

no más la espada ni la fe forzada,

sino la paz sin hierro y permanente.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

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Comentarios8

  • Daniel Omar Cignacco

    Bello poema.

    Y me tomo el atrevimiento a invitarte a mi primera novela de narrativa gratuita : https://www.bubok.es/libros/284084/el-colombofilo-de-flores-y-la-cifra-infinita

    Saludos poéticos.

    • JUSTO ALDÚ

      Muchas gracias por tu amable visita y comentario. Ya lo descargué.

      Saludos

      • Daniel Omar Cignacco

        Gracias poeta ojala sea de tu agrado. En esa web hay mas libros míos de poesía también

        • JUSTO ALDÚ

          Si, ya los ví. Conozco esa web desde hace un tiempo. Estoy por terminar de configurar mi antología I. Saludos

          • Daniel Omar Cignacco

            QUe bien avisame cuando asi la leo

            • JUSTO ALDÚ

              Bueno, una de mis últimas publicaciones es TRAS LA MÁGICA NARRATIVA DE GRABRIEL GARCÍA MARQUEZ Y OTROS ENSAYOS. Es un libro de ensayos y lógicamente el principal es sobre El Gabo donde abordo temas poco conocidos del genio de Aracataca, la génesis de su poderoso discurso narrativo y algunos aspectos socioculturales de ese referente de las letras latinoamericanas a quien conocí en los años 90 en Panamá. Mi libro está en Amazon,

              https://www.amazon.com/-/es/MAGICA-NARRATIVA-GABRIEL-MARQUEZ-ENSAYOS/dp/B09R3G5XR1

              Pero te envío por DM el ensayo principal.

            • Lualpri

              Te dejo un abrazo, Justo.
              Gracias por tus letras.
              Que tengas un excelente día.

              • JUSTO ALDÚ

                Muchas gracias Luis por tu visita y comentario.

                Que pases un buen fin de semana amigo.

              • Freddy Kalvo

                Saludos mi apreciado JUSTO ALDÚ. Gracias por compartir tus letras con ese toque de contemporaneidad.

                Un abrazo fraterno.

                • JUSTO ALDÚ

                  Muchas gracias por tu visita, lectura y comentario.

                • CARMEN DIEZ TORÍO

                  Querido amigo, hoy tu poema, un día más, transmite una intensidad constante que engancha desde el inicio. Me parece muy interesante cómo construyes ese recorrido histórico y simbólico, donde la fe aparece primero como impulso, luego como conflicto y, finalmente, como posibilidad de algo más limpio. Me encanta el uso de un lenguaje de resonancias bíblicas, que no solo es estético, sino que refuerza el contenido. Algunas imágenes tienen una fuerza increíble, sobre todo cuando contrapones elementos opuestos: paz y guerra, fuego y agua .Gracias por compartir una reflexión tan sabia y de tan magnífica manera. Siempre es un lujo leerte. Feliz día, un abrazo.

                  • JUSTO ALDÚ

                    Carmen, tu mirada abraza lo que en llama intento alzar,
                    y en tu lectura el verso encuentra puerto y claridad;
                    si fe es combate y luz, también aprende a transformar,
                    pues toda herida busca en lo hondo su verdad.

                    Gracias por ver en sombras la semilla de la paz,
                    por desentrañar el pulso que en silencio quise dar;
                    si el verbo arde entre opuestos, no es ceniza lo que das,
                    sino un espejo vivo donde el alma puede hablar.

                    Saludos y que tengas un buen día 🌹

                    • CARMEN DIEZ TORÍO

                      Gracias de corazón; siempre es un lujo para mí leerte. Un entrañable abrazo.

                    • Santiago Alboherna

                      Notable poema socio-político, pero a la vez filosófico, q visibiliza la banalidad de la guerra, mostrando como se utiliza la religión con fines políticos, y donde subyace una propuesta filosófica pacifista.
                      Bello poema, tan fuerte como necesario.

                      • JUSTO ALDÚ

                        Bueno, la verdad es que le puse así, pero acepto sugerencias. De hecho ya lo dejé abierto.
                        Muchas gracias por tu visita y comentario.

                        Saludos

                        • Santiago Alboherna

                          un gusto para mi, me gusta tu obra

                        • ElidethAbreu

                          Querido Justo, que se haga realidad tu magistral cierre en paz y sin cruces ensangrentadas.
                          Mal aventurado el que ordena matar en nombre de La Paz.
                          Abrazos y gracias.

                          • JUSTO ALDÚ

                            Muchísimas gracias Elideth por tu delicadeza en leer y comentar.

                            Un abrazo.

                          • LOURDES TARRATS

                            Justo, amigo.

                            Tu poema tiene una fuerza conceptual admirable. Logras articular, con un rigor casi litúrgico, la tensión histórica entre fe, violencia y redención. La alternancia entre la cruz, la espada y la paz —esa paz siempre prometida, siempre herida— construye un recorrido que no solo dialoga con la tradición bíblica, sino con la memoria misma de la humanidad.

                            Me impresionó cómo sostienes la paradoja central: la paz que nace de la herida, la fe que convive con el hierro, la palabra sagrada que el hombre transforma en arma. Esa lectura crítica, lúcida y sin estridencias, revela una comprensión profunda de la historia espiritual y política del mundo.

                            Y, sin embargo, en medio de ese paisaje de símbolos encendidos, abres un horizonte distinto: una paz no impuesta, no vigilada, no armada. Ese “silencio limpio” que anuncias hacia el final es una imagen de una belleza sobria, casi profética, que ilumina todo el poema.

                            Una obra de altura, Justo.

                            Te envio un abrazo envuelto en conocimiento sincero, porque:

                            Poetas somos...

                            • JUSTO ALDÚ

                              Hola amiga Lourdes, muchas gracias por ese comentario tan nítido que me das. A veces a uno le llegan esos versos a la mente y no tiene más que volcarlos a través de la escritura. Creo que estos se conduelen con la situación actual y esa pugna entre Trump y el Papa. Claro, no entraré en ponerme de un lado u otro, pero si hay algo cierto es que vivimos en en clima de mucha violencia donde la vida se escurre entre los dedos en cualquier esquina, en cualquier ciudad o cualquier país.

                              Un abrazo

                              Poetas somos...

                              • LOURDES TARRATS

                                En cualquier cuidad o en cualquier pais...

                                Poetas somso...

                              • Javier Julián Enríquez

                                Muchas gracias, amigo JUSTO, por este bello y reflexivo poema, en el que se percibe cómo se adentra en la intrínseca dualidad entre la paz y la guerra, presentándolas no como antítesis absolutas, sino como fuerzas entrelazadas en la historia humana. Inicialmente, la fe se manifiesta mediante la fuerza («cruz» y «espada»), que siembra cierta discordia en nombre de lo sagrado. Posteriormente, se manifiesta una aparente tranquilidad, una «paz amurallada» que, si bien puede parecer tranquilizadora, en realidad oculta la persistencia de la violencia latente. En este sentido, la narración avanza con delicadeza hacia la caída de las estructuras altivas y orgullosas, simbolizadas por Babel, donde la ley del oro prevalece sobre la rectitud. Por otra parte, se destaca la complejidad de la paz, que a menudo coexiste con la espada, lo que puede llevar al ser humano a confundir la salvación con la conquista. Sin embargo, se diría que el poema vislumbra una paz interior asociada a la humildad y compasión, representada por la probidad de aquellos que no causan daño. En esta línea, la perspectiva que se contempla es la de un futuro de paz definitiva, libre de violencia y coerción, donde la luz prevalecerá sobre la oscuridad, manifestando de este modo una serenidad permanente y emancipadora, desprovista de la espada y la fe impuesta.
                                Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

                                • JUSTO ALDÚ

                                  La cruz y la espada también es un claro signo que emula a \\\"Las Cruzadas\\\"
                                  Has señalado con acierto ese tránsito desde una fe que irrumpe con fuerza —cruz y espada— hasta esa “paz amurallada” que, lejos de ser redención, encubre una violencia apenas contenida. Ahí radica, precisamente, una de las inquietudes centrales del poema: la sospecha de que muchas veces la paz proclamada no es más que una tregua vigilada, una quietud sostenida por el miedo o la imposición.
                                  Tu mención de Babel como símbolo es especialmente lúcida, porque introduce esa dimensión de soberbia estructural donde el oro sustituye al espíritu, y donde la altura no implica elevación, sino desconexión. En ese escenario, como bien apuntas, la confusión entre salvación y conquista se vuelve casi inevitable.

                                  Sin embargo —y aquí tu lectura afina con precisión— el poema no se queda en esa denuncia, sino que abre una rendija hacia otra forma de paz: una que no necesita imponerse, que no nace de la espada ni se resguarda en murallas, sino que se gesta en la humildad, en la compasión silenciosa de quienes no dañan. Esa es, quizá, la única paz verdadera: la que no se proclama, sino que se encarna.

                                  Haciendo otra acotación con respecto al poema, te puedo decir que subrayar que el poema no solo expone una tensión histórica entre fe y violencia, sino que articula una evolución espiritual en tres estadios: primero, la sacralización de la violencia (“cruz” y “espada”); luego, la ilusión de orden en esa “paz amurallada”, que encubre la continuidad del conflicto; y finalmente, la apertura hacia una paz distinta, despojada de imposición, nacida desde la interioridad ética.

                                  Y por supuesto, enfatizo que las citas de resonancia bíblica no son ornamentales, sino que funcionan como contrapuntos críticos: revelan cómo el mismo lenguaje sagrado ha sido históricamente interpretado de forma ambivalente, sirviendo tanto para justificar la confrontación como para anunciar la redención. En ese sentido, el poema no acusa la fe en sí, sino su instrumentalización.

                                  Asimismo, aclaro que la aparente contradicción —“no vine a dar la paz, sino la espada”— no se presenta como afirmación literal, sino como paradoja reveladora: una llamada a discernir entre la ruptura necesaria de viejos órdenes injustos y la violencia que nace del dominio.

                                  Finalmente, confirmo la idea de que la paz última que propogo no es histórica ni política en primera instancia, sino ontológica y espiritual: una paz que no depende de estructuras externas, sino de una transformación profunda del ser humano. De este modo, el poema no solo dialoga con la historia, sino que la trasciende, proponiendo una ética donde la verdadera victoria no es la conquista, sino la renuncia a herir.

                                  Agradezco profundamente tu interpretación, tan rigurosa y a la vez tan sensible. Has sabido ver que no hay contradicción, sino complejidad; no hay ruptura, sino un proceso aún inacabado del espíritu humano.

                                  Recibe un fuerte abrazo, con sincero aprecio.



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