La Ontología del Encuentro

Daniel Omar Cignacco

En la curvatura de tus curvas
se abre una topología sin cerradura:
no hay llave, sólo tránsito—
la palabra deviene función de onda,
y se propaga, leve, sobre tu hombro
como un campo de luz no colapsado.

Mi alma no escribe:
entra en superposición si me miras,
indeterminada entre decir y ser;
y al fijarse en tu pupila
—acto mínimo de observación—
deviene canto.

Hay en tu aliento
una métrica que excede lo medible:
como si el universo redujera su escala
hasta caber en el intervalo
del aire compartido.

No escribo para enunciarte,
sino para habitar la frontera de fase
donde nuestra distancia es inestable,
y la belleza, por coherencia extrema,
se deshace en pura probabilidad.

Daniel Omar Cignacco  © 2026
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Comentarios +

Comentarios6

  • Antonio Portillo

    Daniel:

    Tu poema consigue algo difícil: hacer que el lector sienta que la física cuántica y el deseo hablan, por fin, el mismo idioma. Celebro esa inteligencia que no se queda en el adorno terminológico —no es poesía con palabras prestadas de la ciencia—, sino que opera de verdad con sus principios: la superposición del alma, el colapso de la función de onda en la mirada, la inestabilidad de la distancia como frontera de fase.

    Hay un hallazgo en el primer verso: “curvatura de tus curvas”. Ahí el concepto geométrico se erotiza sin perder precisión. Y luego la ausencia de cerradura. En una época donde escribimos para fijar, para poseer, para definir, tú propones el tránsito como única topología posible del encuentro. La llave no existe porque no hay puerta: hay campo. Eso es profundo y es generoso.

    Me detengo en el segundo movimiento: “Mi alma no escribe: / entra en superposición si me miras”. Es la imagen más exacta que he leído sobre el temblor creativo que produce el otro. No es que la inspiración venga de ti; es que mi estado cambia radicalmente en tu presencia. Y el poema —el canto— no es un producto de la voluntad, sino un colapso de esa indeterminación cuando la observación ocurre. Lo has enunciado con una elegancia técnica impecable.

    Luego llegas a “la métrica que excede lo medible” en el aliento. Aquí la paradoja es hermosa: postulas una medida que, por definición, no puede ser tomada. El universo entero reducido a la escala del aire compartido. Esa imagen me recuerda que los grandes poemas de amor no agrandan al amado, sino que achican el cosmos para que quepa entre dos bocas.

    El remate, sin embargo, es donde el poema alcanza su coherencia extrema (y me permito el guiño con tu propio léxico): “No escribo para enunciarte, / sino para habitar la frontera de fase”. Esa declaración desactiva cualquier lectura confesional o anecdótica. No se trata de una persona con nombre, sino de un estado de la materia del lenguaje. La belleza, dices, se deshace en pura probabilidad. Y esa renuncia a la certeza —a la partícula, a lo sólido— es lo que hace que el poema permanezca vibrando en el lector.

    Gracias por este texto. Es un artefacto de precisión y temblor que honra tanto a la ontología como al encuentro.

    Un abrazo.

    • Daniel Omar Cignacco

      Una critica magistral que me ha dejado mudo. Gracias poeta

    • Una voz

      Que poemas estimado poeta, sublimes. Mis aplausos para su obra.

      Dios le bendiga. Concuerdo el amor es el que mantiene el equilibrio del cosmos.

    • Salvador Santoyo Sánchez

      Mi alma no escribe:
      entra en superposición si me miras,
      indeterminada entre "decir" y "ser";
      y al fijarse en tu pupila
      —acto mínimo de observación—
      deviene canto.

      Es un buen poema, donde el principio de incertidumbre de Heisemberg, lo aterrizas y lo haces tan profundo como el "ser" y el "decir".
      A veces dificil de explicar, en la soledad del ser y la acción del decir.
      Mi aplauso sincero por este profundo y magistral poema que sobre vuela entre lo filosófico y lo poco comprensible aún para la ciencia.

      Saludos poeta Daniel Omar Cignacco

    • El Hombre de la Rosa

      Bella y genial tu preciada y hermosa manera de versar estimado Daniel
      Saludos de afecto de Críspulo desde España
      El Hombre de la Rosa

    • JAVIER SOLIS

      Interesante la topología aplicada a las curvas del amor
      Con aprecio
      JAVIER

    • racsonando

      Esta obra poética de Daniel Omar utiliza conceptos de la física cuántica para explorar la profundidad de una conexión íntima y romántica. El autor describe el encuentro con el ser amado como un fenómeno donde la observación y la presencia transforman la realidad en música y luz. A través de metáforas científicas, el texto sugiere que la belleza reside en un estado de probabilidad e incertidumbre que desafía cualquier medida convencional. El lenguaje trasciende la escritura tradicional para habitar un espacio compartido donde el alma se manifiesta mediante la mirada del otro. En última instancia, el poema celebra una unión inestable y dinámica que escapa a las leyes físicas para convertirse en pura expresión lírica.

      Placer leerle.



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