Y miró al chico que está enfrente de mi.
Al otro lado de la acera,
esperando, al igual que yo,
a que el semáforo se ponga de una vez verde,
porque son las ocho de la mañana
y como siempre a nadie le sobra ni un minuto.
Y justo, hay un instante en el que cruzamos miradas
y, no te sabría decir porqué, ambos sonreimos
como si se tratara de un saludo silencioso.
Y eso es todo.
El semáforo al fin se ponen verde,
ambos cruzamos siguiendo nuestro camino.
Y ni siquiera nos dirigimos una palabra
ni tampoco una última mirada.
Y cuatro manzanas después,
a pesar de que vete a saber tú dónde a quedado ese chico,
me acecha la misma pregunta:
¿Y si aquel chico hubiera sido el amor de mi vida?
¿Y si por no decir nada nunca lo sabré?
Me quedo quieta
y por primera vez en el día
no importa si llego tarde
ni si el semáforo de enfrente está a punto de cambiar a rojo.
Y le doy el pésame
a todas esas personas que podrían haber sido algo en mi vida y a las que jamás conocí,
a todas esas casualidades que se perdieron entre el ruido de la prisa.
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Autor:
Un atisbo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de abril de 2026 a las 16:50
- Comentario del autor sobre el poema: No sé si se puede considerar un poema como tal pero es algo que quería compartir. Espero que os guste.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Nelly Cevallos - Liora, alicia perez hernandez, Hernán J. Moreyra, Antonio Pais, Poesía Herética, Daniel Omar Cignacco, Emilia🦋, Mauro Enrique Lopez Z.

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