Sombras

edgardo vilches

En silencio camino sobre el asfalto de una ciudad que revolotea como un ave

en el ocaso marino de Puerto Montt

 

Hay una humedad en el aire, que transporta el viento desde los confines del sur austral

 

Las frutas de las algas desparramadas en el agua se reparten en minúsculos seres, de una generosa marea de plenilunio

 

Es el soplo del viento que hilvana oleadas de semillas sobre los montes de las islas,

que se han apiñado en el espectáculo del archipiélago, que se desgrana en islas intrascendentes

 

Un nuevo día se aparea con un otoño incipiente bajo la luz asesina de las noches en los golfos, que extrañamente han dado vida a los crepusculares confines

 

El mar imparable, mesiánico, constante, ha deparado un universo de seres que se alimentan de la fibra acuosa de una ola imperecedera

 

Solitario, denso de existir, con un inusitado saber, camino en los andenes del ayer, como un desaprobado estudiante de una jauría de palabras inexactas

El verbo ya no me acompaña y retazos de paisajes están cortando el aire,

mientras la costanera va surcando paisajes en los tonos oblicuos de un agua inexplicable

 

Una poesía extraviada en estos mares me alimenta con su verso, en la agonía de un día más

Los silencios están agotando la sangre que bombea días en los augurios de la vida que corta las palabras con afilados dientes

 

De este modo, pasan las horas con sus interminables murmullos que provienen del sur -sur

 

Es el espacio abierto donde se convoca el iris imperfecto de mi cerebro, que no aprende nunca a disfrutar de la belleza de una tarde azulada por el espejo del mar abierto que derrama el viento

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