En silencio camino sobre el asfalto de una ciudad que revolotea como un ave
en el ocaso marino de Puerto Montt
Hay una humedad en el aire, que transporta el viento desde los confines del sur austral
Las frutas de las algas desparramadas en el agua se reparten en minúsculos seres, de una generosa marea de plenilunio
Es el soplo del viento que hilvana oleadas de semillas sobre los montes de las islas,
que se han apiñado en el espectáculo del archipiélago, que se desgrana en islas intrascendentes
Un nuevo día se aparea con un otoño incipiente bajo la luz asesina de las noches en los golfos, que extrañamente han dado vida a los crepusculares confines
El mar imparable, mesiánico, constante, ha deparado un universo de seres que se alimentan de la fibra acuosa de una ola imperecedera
Solitario, denso de existir, con un inusitado saber, camino en los andenes del ayer, como un desaprobado estudiante de una jauría de palabras inexactas
El verbo ya no me acompaña y retazos de paisajes están cortando el aire,
mientras la costanera va surcando paisajes en los tonos oblicuos de un agua inexplicable
Una poesía extraviada en estos mares me alimenta con su verso, en la agonía de un día más
Los silencios están agotando la sangre que bombea días en los augurios de la vida que corta las palabras con afilados dientes
De este modo, pasan las horas con sus interminables murmullos que provienen del sur -sur
Es el espacio abierto donde se convoca el iris imperfecto de mi cerebro, que no aprende nunca a disfrutar de la belleza de una tarde azulada por el espejo del mar abierto que derrama el viento