No cruzaron el umbral:
ya habitaban el vacío antes del muro.
Se sientan en el borde exacto del mundo,
allí donde la arquitectura cede
y la casa comienza a soñar por nosotros.
Ojos de azufre y penumbra,
astrolabios fijos en un norte que no vemos.
Poseen la ciencia de lo que hemos olvidado:
el peso exacto de la sombra, el lenguaje del polvo,
la sorda caligrafía del acecho
y esa gramática antigua que tiembla bajo su lomo
—seda y eco del desierto—,
memoria de cuando el tiempo era simple
y la sangre, más pura.
No piden permiso.
Colonizan el rayo de sol, el terciopelo,
y se instalan en el centro invisible de las cosas
como si todo fuera, por fin, recuperado.
Y uno claudica,
ofrendando el espacio sin entender la ley,
cediendo el trono a cambio de un roce.
Pero es en las noches de naufragio
donde el poema encuentra su centro.
Cuando el alma se deshilacha y el pecho es un hueco,
ellos emergen del silencio.
No es amor: es reconocimiento.
No se quedan: coinciden.
Son inquilinos de una eternidad que nos ignora
y, sin embargo, su respiración —ahora—
sostiene los cimientos de la noche.
Saltan
y el espacio se pliega para no estorbar su vuelo.
Nos miran
y el ego se arrodilla ante ese juicio sin palabras.
No nos pertenecen,
pero conocen el mapa exacto de nuestras grietas.
Pequeños dioses tibios:
han decidido, por piedad o por tedio,
saber dónde vivimos.
Y ese peso exacto, ese pulso térmico que no exige respuestas,
ancla nuestra deriva.
El caos encaja.
Presencia pura.
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de abril de 2026 a las 06:51
- Comentario del autor sobre el poema: El poema describe esa paradoja que quienes conviven con gatos conocen bien: ellos no te pertenecen, pero te eligen. No se quedan por amor, sino por algo más misterioso — un reconocimiento. Y tú cedes, sin saber exactamente por qué. Hay una línea que creo es el corazón de todo: "En las noches en que el mundo se deshace, cuando ya no hay forma de sostenerse por dentro... aparecen." Esto no es un poema sobre mascotas. Es un poema sobre el consuelo que no pide permiso para darte, sobre la presencia que no necesita explicarse para ser exactamente lo que necesitas. El gato no pregunta cómo estás. Solo pone su peso tibio sobre tu pecho y, de algún modo, eso basta.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
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