Lo que queda en el fondo de los bolsillos
Se supone que debería haber una luz al final,
un túnel, un coro de algo, o al menos un alivio.
Pero yo solo pienso en la suscripción del gimnasio que sigue activa
y en ese bote de mayonesa que caduca el jueves.
Es ridículo, ¿no?
Morirse es, sobre todo, dejar cosas a medias.
La Parca no tiene guadaña,
tiene una libreta de notas con las esquinas dobladas
y un reloj que siempre atrasa cinco minutos.
(Ayer vi una mosca golpeándose contra el cristal,
y pensé que eso también era una forma de despedirse,
sin elegancia, solo ruido y desesperación pequeña).
El mundo sigue.
Alguien compra pan,
alguien insulta al tráfico,
y el espacio que ocupabas se llena de polvo casi al instante.
No es un abismo negro,
es más bien como cuando se apaga la televisión
y te ves reflejado un segundo en la pantalla oscura,
despeinado,
un poco confuso,
preguntándote si cerraste bien la llave del gas.
Nada de epitafios en mármol.
Mejor un post-it pegado en la nevera que diga:
"No te olvides de vivir, que luego el frío es muy largo".
Y ya está.
Un punto final que parece un error tipográfico. .
Antonio Portillo Spinola @
-
Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de abril de 2026 a las 07:52
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una intuición sencilla y, al mismo tiempo, incómoda: la vida no se interrumpe en lo grandioso, sino en lo cotidiano. Siempre se nos ha enseñado a imaginar la muerte como un instante cargado de sentido, casi solemne, pero mi experiencia —o quizá mi forma de mirar— me lleva a otro lugar: a pensarla como una interrupción llena de cosas a medias. Las imágenes del poema (una suscripción activa, un bote que caduca, una llave de gas sin comprobar) no buscan ser irónicas, sino honestas. Son la evidencia de que vivimos rodeados de pequeños hilos abiertos, de gestos sin cerrar, y que, llegado el final, no hay tiempo para ordenarlo todo. En ese desorden hay algo profundamente humano. La figura de la muerte aparece despojada de simbolismo clásico. No hay épica, no hay trascendencia clara. Solo una presencia casi burocrática, imperfecta, que llega sin dramatismo. Esto no pretende restar importancia al hecho de morir, sino acercarlo, hacerlo reconocible, incluso cotidiano. El poema también reflexiona sobre lo que queda: no grandes discursos ni memorias de mármol, sino rastros mínimos, casi invisibles, que el mundo absorbe con rapidez. Hay en ello una cierta desolación, pero también una invitación: vivir con más conciencia de lo inmediato, de lo pequeño, de lo que normalmente dejamos para después. El cierre, con ese “error tipográfico”, sugiere que quizá nunca estamos del todo preparados para terminar. Que la vida, en el fondo, siempre se queda un poco a medio escribir. Este poema no busca ofrecer respuestas ni consuelo. Solo intenta mirar de frente una verdad sencilla: que somos, en gran parte, lo que dejamos sin terminar.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais
- En colecciones: ANTONIO PORTILLO SPINOLA.

Offline)
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