Antonio Portillo

Lo que queda en el fondo de los bolsillos

Lo que queda en el fondo de los bolsillos

​Se supone que debería haber una luz al final,

un túnel, un coro de algo, o al menos un alivio.

Pero yo solo pienso en la suscripción del gimnasio que sigue activa

y en ese bote de mayonesa que caduca el jueves.

Es ridículo, ¿no?

Morirse es, sobre todo, dejar cosas a medias.

​La Parca no tiene guadaña,

tiene una libreta de notas con las esquinas dobladas

y un reloj que siempre atrasa cinco minutos.

(Ayer vi una mosca golpeándose contra el cristal,

y pensé que eso también era una forma de despedirse,

sin elegancia, solo ruido y desesperación pequeña).

​El mundo sigue.

Alguien compra pan,

alguien insulta al tráfico,

y el espacio que ocupabas se llena de polvo casi al instante.

No es un abismo negro,

es más bien como cuando se apaga la televisión

y te ves reflejado un segundo en la pantalla oscura,

despeinado,

un poco confuso,

preguntándote si cerraste bien la llave del gas.

​Nada de epitafios en mármol.

Mejor un post-it pegado en la nevera que diga:

\"No te olvides de vivir, que luego el frío es muy largo\".

​Y ya está.

Un punto final que parece un error tipográfico. .

 

Antonio Portillo Spinola @