Lo que queda en el fondo de los bolsillos
Se supone que debería haber una luz al final,
un túnel, un coro de algo, o al menos un alivio.
Pero yo solo pienso en la suscripción del gimnasio que sigue activa
y en ese bote de mayonesa que caduca el jueves.
Es ridículo, ¿no?
Morirse es, sobre todo, dejar cosas a medias.
La Parca no tiene guadaña,
tiene una libreta de notas con las esquinas dobladas
y un reloj que siempre atrasa cinco minutos.
(Ayer vi una mosca golpeándose contra el cristal,
y pensé que eso también era una forma de despedirse,
sin elegancia, solo ruido y desesperación pequeña).
El mundo sigue.
Alguien compra pan,
alguien insulta al tráfico,
y el espacio que ocupabas se llena de polvo casi al instante.
No es un abismo negro,
es más bien como cuando se apaga la televisión
y te ves reflejado un segundo en la pantalla oscura,
despeinado,
un poco confuso,
preguntándote si cerraste bien la llave del gas.
Nada de epitafios en mármol.
Mejor un post-it pegado en la nevera que diga:
\"No te olvides de vivir, que luego el frío es muy largo\".
Y ya está.
Un punto final que parece un error tipográfico. .
Antonio Portillo Spinola @