Había muerto ayer después de pasear con su perrita en la Plaza de enfrente, la llamada Vélez Sársfield en un rincón de Buenos Aires.
Allí había conversado con ancianos y ancianas desconocidos que también llevaban a sus mascotas de paseo o sólo querían pasar un rato disfrutando de la Naturaleza.
Cuánto había durado el paseo no lo recordaba pero si sabía que había sentido un dolor agudo entre sus costillas que la traspasaba.
Decidió entonces volver a su casa.
En ese marco cotidiano ya no sintió deseos humanos: ni de comer, ni de ver la tele, ni absolutamente nada.
Sólo una somnolencia extrema y ese dolor punzante que por su intensidad la mareaba. Sabía que iba a morir y decidió acostarse sobre la manta que cubría su cama. Deseaba dormir y acabar de una buena vez con el dolor y su vida misma. Había llegado el momento.
Un letargo la hizo dormir horas, días, nunca lo supo ni nadie lo sabe; sólo dormir, su cuerpo, su alma lo necesitaban.
Sabía que estaba muriendo y esa certera afirmación la hizo despedirse de todo lo conocido.
No hubo sentimiento de miedo, ningún terror por estar en el escalón que divide la vida con la muerte, sabía que conocería lo que hay detrás de la pared de la vida.
Se dejó llevar y fue acogedor entrar en un caleidoscopio de vivencias indescriptibles; el saber que ya no cargaría con recuerdos ni con su cuerpo que sólo le traía dolor. Percibió los atisbos de la muerte y en su boca se dibujó una sonrisa, por fin llegaría a saber el límite del todo, lo que viene después de tantos días de vida.
No supo la hora aunque el tic- tac de su reloj aún andaba. Entre penumbras obnubiladas y albas manchadas vio todo lo que había sido, oyó un cañón, el canto del último ruiseñor, vio una rosa deshojarse. De pronto un haz de luz la envolvió y allí reconoció la niña rubia e inocente que había sido, ese algoritmo inalcanzable que la había traído a este mundo, el mudo reflejo en un espejo rasgado por el tiempo… y entonces murió.
Murió esa tarde de sol soñando la noche, la noche de los tiempos, el olvido de la memoria y el sentirse la nada misma. Libre al fin de todo lo humano. Una explosión de felicidad la invadió, se sintió ligera, pudo volar no sólo con la imaginación sino sintiendo esa Verdad Absoluta que jamás puede asirse. Vio caer los astros del cielo, la tempestad de los mares y se despidió feliz por fin de ese sol insufrible de los veranos, se despidió de sí misma...
¿Cuánto tiempo pasó? Las historias de muerte no tienen tiempo, rozan el círculo del Infinito. Pudo ser una fracción de segundo, una hora o la inmensa eternidad misma.
Lo más terrible fue que hoy despertó en esa manta en la que había muerto, el final había sido esquivo, se había reído de ella.
Supo entre lágrimas que su extraña vida continuaba, que sólo un instante infecundo, extraño, ajeno, raro la había tocado en su sueño, un catártico segundo en que un dios intocable sólo había musitado su nombre.
(Patricia)
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Autor:
Patricia Aznar Laffont (
Offline) - Publicado: 11 de abril de 2026 a las 10:58
- Comentario del autor sobre el poema: Amigos, es real, me pasó.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 23
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Henry Alejandro Morales, Texi, Mª Pilar Luna Calvo, alicia perez hernandez, SienaR, Scarlett-Oru, EmilianoDR, Hernán J. Moreyra, Una voz, Osler Detourniel, William26🫶, Antonio_cuello, El Hombre de la Rosa, El desalmado, JUSTO ALDÚ, Daniel Omar Cignacco, CARMEN DIEZ TORÍO
- En colecciones: Cuentos.

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Comentarios7
Un texto conmovedor Patricia, pero lo terrible es tu comentario, espero que ese deseo de morir no fuera real, un abrazo.
Amor de amiga. Sí. me pasó
Ayer dormí todo el día
Y me sentí morir
Y no era malo
Besitos
Gracias estimada Pati.
Que historia tan maravillosa que hace un cierre al sufrimiento de la vida y que no se somete al tiempo .
Gracias por llevar a esa niña rubia en el sentimiento.
Cordial saludo.
Emi. Siii.
Lo entendiste.
Te quiero
Gracias y compartimos un cariño sincero desde una distancia que nos acerca.
Te he entendido y sentido.
Que belleza de lenguaje y poesia, una historia y relato que abarca lo isondable y la angustia del sufrimiento ante lo desconocido de un final que no es final.
Dios te bendiga amiga. Un abrazo, me encantó.
Dios te bendiga a vos. querido amigo
La sabiduria de la letras brota de tu generosa y bella pluma estimada poetisa y fiel amiga Patricia
Saludos de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Querido Crispulo. Mil gracias
Hermosa historia con hermosas metáforas.
Gracias por compartirlo.
Un fuerte abrazo.
Gracias, poeta
Bueno, me sorprendió al leerlo, porque no es solo la narración de una muerte, sino la experiencia íntima de haberla rozado y regresar con ese polvo invisible en la piel. Y te confieso que en una primera lectura emocional, predomina una atmósfera serena, casi extrañamente luminosa: la muerte no aparece como ruptura violenta, sino como tránsito suave, incluso deseado, donde el dolor físico se disuelve en una especie de revelación. Esa calma contrasta con el final, donde irrumpe lo trágico: no morir, tener que seguir.Destaca especialmente ese giro final, donde lo que parecía cierre se convierte en apertura dolorosa: la vida como condena inesperada.
Y sin lugar a dudas su mayor acierto está en esa inversión: lo terrible no es morir, sino despertar. Un texto introspectivo, con carga filosófica y un tono que oscila entre lo contemplativo y lo existencial.
Mejor que estés aquí para contarlo
Un abrazo.... real....
Qué decir después de esto
La genialidad es tu sello, Justo.
🌹
Debo confesarte, estimada poetisa, que a medida que avanzaba en la lectura de tu relato me iba sumergiendo más, mucho más en él, y en esa catarsis que nos hace regresar sabiendo que la persona que fuimos ya no será. Que hubo un antes y un después, y que en ese viaje volvimos a mirar la vida de una manera distinta. Maravillosa forma de contarlo y de hacérnosla vivir. Gracias por compartir. Feliz sábado. Un abrazo
Carmen, tu análisis supera el escrito.
Mil gracias
Feliz sábado
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