Aquel niño, dentro, tenía un viejo.
Se expresaba con la cara y ademanes,
y con muchos y variados refranes
que hacían cavilar a los longevos.
Toda su vida un viejo sería.
Su padre sabía que, si le hablaba
seriamente, su hijo le replicaría
haciéndole pensar y, cavilaba,
entre gestos extraños y denuestos,
sobre qué hacer con aquel hijo viejo.
Si la atención le llamaba, sobre esto
o aquello, objetaba como un espejo
poniendo en evidencia el respeto
que a la familia y mayores debía.
Con su lengua suelta, sabiduría,
y el aguijón del ingenio despierto,
el niño que era de natural viejo,
a otros niños “niños” adoctrinaba
y la atención sobre asuntos llamaba
para que le consideraran maestro.
El niño creció hasta que llegó a viejo.
Con manías aprendidas seguía
sin razonar sobre el tiempo que había
pasado, pero ahora ya era un viejo
que hacía lo que siempre había hecho.
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Autor:
Juan Iscar (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de abril de 2026 a las 09:46
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, Nelly Cevallos - Liora, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z.
- En colecciones: Atardecer.

Offline)
Comentarios2
Bella y genial tu preciada y hermosa manera de versar estimado Juan
Saludos de afecto de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Saludos Críspulo. ¿Quién no conoció algún niño viejo en su vida?. ¿Son sabios o sabiondos?. Creen saber de la vida y se pierden la niñez.
Y la historia se repite...
¡MUY BUENO!
Shalom colega de la pluma
Su vida es una historia de deseo que no se cumple. Saludos.
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