En la noche,
el espacio se rinde.
Ya no hay “allá” ni “aquí”,
solo un presente que abruma
o un mañana que asfixia.
La vista, que nos mentía orden,
se apaga.
La ausencia
se estira como un animal.
El recuerdo
deja de ser imagen y es peso,
un tacto que insiste.
La voz querida
no viaja por el aire:
está contigo
o está en el olvido,
sin intermedio.
El pánico es un volumen
que ocupa todo.
Pero basta
la fe de un latido,
el regreso del cuerpo,
para reescribir los mapas
y devolver a cada cosa
su distancia sagrada.
En la oscuridad,
el universo no yerra.
Falla
nuestra necesidad
de estar lejos.
Antonio Portillo Spinola @
-
Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de abril de 2026 a las 08:46
- Comentario del autor sobre el poema: Lo que realmente estoy narrando es el pánico a la falta de límites. En el día, la distancia es seguridad: lo que me duele está "lejos" y lo que deseo está "allá". En esta oscuridad, ese espacio desaparece. La ausencia no es un vacío, es un "animal" que se estira. El recuerdo no es una idea, es un "peso". Sin la vista, el mundo exterior invade nuestro cuerpo. Ya no hay frontera entre lo que pensamos y lo que tocamos
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 67
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, Carlos Baldelomar, El desalmado, El Hombre de la Rosa, Osler Detourniel, JUSTO ALDÚ, alicia perez hernandez, antonio cuervo, Salvador Santoyo Sánchez, Hernán J. Moreyra, Sergio Alejandro Cortéz, Pedro Novoa Pavon Novoa, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios3
Gracias por regalarnos esta reflexión. Te agradezco la valentía de haber bajado a esa oscuridad y, sobre todo, la generosidad de haber vuelto con estas palabras para explicárnosla. Es un poema que se queda vibrando en el pecho mucho después de terminar de leerlo.
Un fuerte abrazo.
Bella y genial tu preciada y hermosa manera de versar estimado Antonio Portillo
Saludos de afecto de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Planteas una disolución progresiva de las referencias: espacio, tiempo y percepción quedan sin jerarquía estable. Funciona bien en cómo lleva al lector a esa pérdida sin necesidad de explicarla.
Sin embargo, el cierre introduce una salida demasiado ordenadora. La “fe de un latido” y la reescritura de mapas reestablecen un control que contradice la lógica previa del texto. Como si el propio lenguaje necesitara corregir lo que había llevado al extremo.
Lo más sólido está en la primera mitad: ahí la experiencia es directa. El final, en cambio, suaviza el borde. Es como pasar de un abismo sin estructura a un sistema que vuelve a colocar coordenadas.
Saludos a ti.
Gracias por tu lectura, muy acertada
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