En el margen invisible de lo posible
donde la realidad duda de sí misma,
te encuentro:
no como certeza,
sino como una hermosa superposición.
Eres partícula cuando te nombro,
onda cuando te pienso;
y en ese colapso íntimo del universo
mi conciencia te elige
una y otra vez.
No sé si existes fuera de mis mediciones,
o si soy yo quien emerge
cuando tus ojos me observan.
Tal vez somos eso:
dos incertidumbres entrelazadas
que aprendieron a llamarse destino.
Hay ecuaciones que no nos contienen,
ni teorías capaces de predecir
el instante exacto
en que tu risa desordena
todas mis constantes.
Y sin embargo,
en este caos elegantemente improbable,
coincidimos.
Como si el universo —
en un gesto secreto—
hubiera resuelto su propia indeterminación
para decir, en voz baja:
que el amor,
como la física cuántica,
no se entiende…
se experimenta.
Daniel Omar Cignacco © 2026
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