Vos que enamorás y yo
que siempre supe
que hacía falta tan poco
de vos,
casi nada,
para desbordarme.
Que duré
lo que podía durar.
Y ahora apenas dos
o tres trazos tuyos,
que no son siquiera un boceto
o borrador,
alcanzan para derrumbar
todas mis catedrales.
Decir que sos
la mujer de mi vida
y a la vez, solo una mujer.
Que no supe
tenerte un poco o apenas.
Que no supe vivirte
a la mitad de la cal y de la arena.
Vos que enamorás y a mí
que no me costó
ni un temblor enamorarme,
y que ahora me cuesta todos
los temblores todos,
olvidarte.
Claro.
Tenías que ser
tan hermosa.
Siempre tuviste esa belleza
que tuerce los caminos,
que empequeñece las palabras
y altera el orden de las cosas.
Pensar
que ya no iba a tenerte en mi vida,
me sacó las ganas de vivir
un poco. Un poco más
que un poco. Al fin y al cabo,
qué proyecto,
qué viaje,
qué promesa,
puede compararse
con el sencillo trabajo
de conocerte día tras día.
Tal vez, solo tal vez,
te quise o te quiero.
Pero tengo tantos
talveces, tequises,
tequieros.
Vos que enamorás y yo,
como una escultura tuya,
soy lo que dejaron
tus manos cuando se fueron.
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Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de abril de 2026 a las 18:52
- Categoría: Amor
- Lecturas: 18
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, marysla, Sergio Alejandro Cortéz, Daniel Omar Cignacco
- En colecciones: Uno.

Offline)
Comentarios1
Esto expresa un amor intenso y desbordado que, tras la pérdida, deja al hablante incapaz de olvidar y reconstruirse.
Saludos cordiales.
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