Estaremos ausentes por algún tiempo.
Nos enseñaron -como quien talla en piedra-
que los pactos se cumplen,
que la palabra es un puente
y no una cuerda floja sobre el abismo.
Pero algo se ha torcido.
Hoy la promesa
es un vaso de humo entre los dedos,
un contrato escrito con tinta de agua,
una moneda lanzada al aire
que nunca cae del mismo lado.
La ciudad habla en lenguas partidas,
firma con manos temblorosas
y borra con sonrisas pulidas;
hay relojes que juran puntualidad
mientras mastican minutos ajenos.
¿Dónde quedó la balanza?
Esa antigua equidad
que pesaba el alma y la palabra
en el mismo plato.
Ahora el compromiso
es un traje que se usa para la foto
y se abandona en el primer relámpago,
identidades de papel mojado
que se deshacen al contacto con la verdad.
Se promete sin raíz,
se acuerda sin memoria,
se responde sin rostro.
Y así vamos,
construyendo torres de aire
sobre cimientos de olvido,
llamando destino
a lo que no es más que descuido.
Hay una grieta -profunda, invisible-
atravesando la conciencia común:
nadie quiere deberle al otro
pero todos reclaman lo suyo.
Oh, ironía de hierro blando,
justicia de humo firme,
palabras que pesan menos
que el silencio que las juzga.
Porque un pacto no es un sonido,
es un hueso que sostiene la historia,
una raíz que ata el tiempo
al árbol de lo posible.
Romperlo
no es romper al otro:
es astillar el espejo
donde aún podríamos reconocernos.
Y sin embargo…
seguimos firmando con dedos de niebla,
seguimos jurando sobre aguas que huyen,
seguimos llamando acuerdo
a este temblor sin forma.
Pacta sunt servanda -decían-,
como si el latín bastara
para sostener la ética.
Pero no es la lengua,
es el pulso.
No es la ley,
es la lealtad.
No es el papel,
es la carne que responde.
Y mientras olvidemos eso,
cada firma será ceniza,
cada trato un espejismo,
cada pacto…
una sombra que promete
y nunca vuelve.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de abril de 2026 a las 14:00
- Comentario del autor sobre el poema: Pacta sunt servanda - Los pactos deben cumplirse. Toda norma fue, en algún momento, un pacto… pero no todo pacto logra convertirse en norma.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 35
- Usuarios favoritos de este poema: Carlos Baldelomar, Javier Julián Enríquez, Poesía Herética, Tommy Duque, Sergio Alejandro Cortéz, alicia perez hernandez, Mª Pilar Luna Calvo, CARMEN DIEZ TORÍO, El desalmado, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., MISHA lg, ElidethAbreu, Antonio_cuello, Rafael Escobar, Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, Willie Moreno, JAGC
- En colecciones: POESÍA SOCIAL.

Offline)
Comentarios8
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este poema con grandes ideas formalmente objetivadas, en el que se puede apreciar una crítica acerca de la erosión de la promesa y el compromiso en la contemporaneidad, y que contrapone la antigua concepción de la palabra como fundamento inquebrantable con la fragilidad actual de los acuerdos. Se plantea, pues, que la pérdida de equidad, simbolizada por la balanza que equilibraba el alma y la palabra, ha conducido a una disociación entre el discurso y la acción, donde las identidades se tornan fugaces y las responsabilidades se desvanecen. Considerando esto, la premisa fundamental que se desprende radica en la concepción del pacto como una alianza que trasciende la mera formalidad lingüística o legal, que se ancla en la lealtad intrínseca y la respuesta genuina del ser humano. En este aspecto, la metáfora del espejo astillado al romperse un pacto subraya la autolesión colectiva que conlleva la falta de fe en los compromisos, sugiriendo así que la verdadera solidez de los acuerdos reside en la integridad y el pulso vital que emana de la esencia humana, y no en la letra muerta o la retórica vacía.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Amigo, tu lectura es tan minuciosa como luminosa: has recorrido el poema no solo con la razón, sino con esa brújula interior que distingue lo dicho de lo verdadero. Coincido contigo en esa inquietante deriva: los incumplimientos no reconocen fronteras ni banderas; se multiplican en muchos países como una niebla espesa, y pareciera que el ser humano, en su extravío, ha comenzado a confundir la excepción con la norma, como si la grieta fuese ya el muro.
Tu reflexión sobre la palabra —antes piedra angular, hoy a veces polvo entre los dedos— señala con precisión esa fractura entre el decir y el hacer, donde la identidad se vuelve transitoria y el compromiso, un eco que se disuelve. La imagen del espejo astillado no solo hiere la superficie: revela esa herida más honda, casi silenciosa, que nos infligimos como colectividad cada vez que traicionamos un pacto.
Y, sin embargo, en medio de esta intemperie, tu interpretación rescata lo esencial: que todo acuerdo digno de sostenerse debe latir desde la integridad, desde esa lealtad íntima que no necesita testigos ni sellos. Ahí, en ese pulso invisible, aún sobrevive la posibilidad de restaurar la palabra como casa y no como espejismo.
Recibo tu abrazo con sincero afecto y te devuelvo, con igual firmeza, mi gratitud y estima.
Nosotros tenemos suerte, desde la Edad Media somos tierra de pactos, es nuestro ADN político. Adelante Justo, no decaigas.
Muchas tierras son de pactos mi amiga, pero no todos se cumplen ahí está el detalle y es a lo que me refiero. España no es la excepción. Veo TVE24H y los debates del congreso son igual de calientes que los de cualquier país. Se incumple con lo prometido y se violan los convenios. Incluso con la tierra. Hay veces han tenido que recurrir a la Justicia para que se sancione a los que han incumplido. Solo mira lo que pasó con el tema de la DANA, donde se acusa de incumplimiento de protocolos.
Gracias por tu comentario.
Saludos
Justo, yo no me refiero a España, yo me refiero a Aragón, desde el Arbol del Sobrarbe, desde la Edad Media el rey establecía pactos con los nobles para gobernar, y entre particulares, el pacto estaba al mismo nivel que la ley. Es nuestra historia, es tierra de pactos, incluso pactar quien es el candidato a ser rey. El resto de España no se regía por nuestro derecho, y aún mantenemos los pactos como forma jurídica, la libertad entre las partes, para Europa somos la tierra de la libertad, por esa igualdad ante la ley cuando aún no la conocían otros Estados. Todos somos iguales que el rey, y eso lo tenemos claro, incluso sin motivo puedes desheredar a todos tus hijos excepto a uno para que continúe con la Casa, y la esposa o el marido, tienen derecho al usufructo de todos los bienes de la Casa, para que no sea así hay que establecerlo por escrito. Solo en Aragón.
😂😂Ah bueno. El pacto estaba al mismo nivel que la ley. Lo que no te entendía era la separación de lo que se practicaba en Aragón al resto de España.
Actualmente solo nos queda el derecho civil, porque eliminaron el Penal, ya que si un aragonés cometía un delito fuera de Aragón podía acogerse a nuestro derecho y solo lo podía juzgar el Justicia de Aragón, venía aquí y era juzgado aquí, hasta que Felipe II, al ver su incompetencia en su propio reino nos quitó este derecho penal, y decapitó al Justicia, Juan de Lanuza. Hoy tenemos la institución del Justicia, yo acudí una vez allí y me resolvieron todo favorablemente.
Ya comprendo, hay regiones independientes en sus leyes y demás. Son descentralizadas en ese sentido, pero al mismo tiempo forman parte de un mismo país. España.
Hoy tu poema, querido amigo, me parece una gran reflexión a tener en cuenta en este mundo donde los valores se van perdiendo poco a poco. Entre ellos, transmites con mucha claridad esa sensación de desgaste de la palabra y de los compromisos humanos, como si la confianza, que antes era firme, ahora se deshiciera entre las manos. Me gustó mucho cómo sostienes ese tono de principio a fin, sin romper la atmósfera. Las imágenes —como el humo, el agua o la niebla— son muy coherentes y refuerzan esa idea de lo inestable, de lo que no se puede sostener. Hay en tu poema una crítica ética profunda, casi una preocupación por la pérdida de algo esencial en lo colectivo. No es solo un poema sobre promesas rotas, sino sobre una grieta más amplia en la forma en que nos relacionamos. Quizá lo que más me llevo es esa sensación final de vacío, como si algo importante se hubiera ido sin hacer ruido. Gracias por compartir y hacernos detener a reflexionar, aunque solo sea por un momento. Feliz día. Un abrazo.
Hola Carmen, te doy las gracias por tu tiempo al leer y comentarme casi a diario.
Me alegra que hayas percibido la continuidad del tono y la coherencia de las imágenes; en ellas quise precisamente sostener esa fragilidad, ese mundo que se disuelve entre humo, agua y niebla, como si la certeza misma hubiera perdido su peso. Tu lectura amplía el sentido, señalando con acierto esa grieta mayor que atraviesa nuestras formas de vincularnos.
Tal vez, como bien sugieres, lo más inquietante sea ese vacío final que no grita, que no rompe, pero que permanece. Y sin embargo, el hecho de que nos detengamos —aunque sea un instante— a contemplarlo, ya es una forma de resistencia.
Gracias por tu mirada generosa y por tu compañía en estas reflexiones.
Recibe un fuerte abrazo y mis mejores deseos para tu día.
Estimado amigo Justo...
Se han perdido todos los valores y entre ellos, la palabra.
Cosas que no han de retornar jamás!
Quiera Dios que esté equivocado.
Un abrazo.
Hola Luis, no estás equivocado, tienes toda la razón amigo.
Gracias por leer y comentar.
Saludos
cada pacto, una mentira escrita.
gracias por compartir
Y sin embargo…
seguimos firmando con dedos de niebla,
seguimos jurando sobre aguas que huyen,
seguimos llamando acuerdo
a este temblor sin forma.
Pacta sunt servanda -decían-,
como si el latín bastara
para sostener la ética.
besos besos
MISHA
lg
Muchas gracias MISHA por tu visita y certero comentario.
Saludos
Querido Justo, Si firmas o aceptas algo, debes cumplirlo.
Este principio es clave para la confianza en las relaciones jurídicas, porque sin él, los contratos no tendrían valor.
Ahora muchos ponen de lado este principio para favorecer la conveniencia.
Gracias por haber presentado el tema con tanta claridad y altura.
Abrazos.
Querida Elideth,
tus palabras son certeras y sostienen, con sobria claridad, el corazón del principio: lo pactado obliga, no solo en el papel, sino en la conciencia. Sin ese hilo invisible de confianza, todo acuerdo se vuelve un gesto vacío, una promesa sin raíz.
Y, sin embargo, la realidad —tan terca como reveladora— parece contradecir a menudo esa noble aspiración. Basta mirar a nuestro alrededor: en mi propio país se firman pactos de Estado en nombre de la ley y la justicia que terminan desdibujándose en prácticas que niegan su esencia; instituciones llamadas a garantizar equilibrio intervienen donde no deben, y decisiones judiciales son sorteadas por intereses que encuentran resquicios para imponerse.
Si ampliamos la mirada, el panorama no es distinto. En nuestra hermana Colombia, acuerdos de paz que prometían cerrar heridas han sido vulnerados por quienes debían honrarlos, mientras otros actores reinciden en la violencia. Y en el ámbito internacional, potencias que invocan el derecho lo reinterpretan según su conveniencia, erosionando tratados y principios que deberían ser inquebrantables.
Así, lo que debería ser excepción —el incumplimiento— corre el riesgo de parecer norma. Por eso tu afirmación cobra aún más fuerza: no basta con firmar, hay que sostener. Y cuando un acuerdo deja de responder a la realidad, lo digno no es quebrarlo, sino revisarlo con transparencia.
Al final, todo se reduce a una ética esencial: ser íntegros, de una sola pieza, y honrar la palabra dada como si en ella nos fuera —como en efecto ocurre— la credibilidad del mundo que construimos.
Gracias por tu reflexión, tan clara como necesaria.
Recibe un abrazo sincero.
Maravillosa manera de dibujar la ignominia que prevalece ahora en este desgarrado mundo, donde los principio que establecen el título de tu poema han sido una y mil veces sacrificado por la ambición que ha convertido en mártir a la moral, y en esclavo del poder a quienes se dejan conquistar por los bellos cantos de sirenas que tiene el dinero. Mi felicitación viaja hacia ti con mi fraternal abrazo y mi siempre leal aprecio a tu gentil amistad.
Aníbal, tu lectura no solo honra el poema: lo revela como un espejo donde el mundo, herido y altivo, se contempla sin máscaras. Creo que en tu mirada hay también una forma de resistencia: la palabra que nombra la ignominia ya empieza a derrotarla.
Recibo tu abrazo como quien recoge un estandarte en medio de la tormenta, con gratitud sincera y la certeza de que la amistad —cuando es noble— no se arrodilla ante ningún poder, ni se deja seducir por oros pasajeros. Mi aprecio, firme y sin fisuras, camina a tu lado.
En este diá Justo nos regalas un poema muy reflexivo...saludos.
Y tu, me engalanas el espacio con tu presencia.
Gracias.
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