Si mi alma se colma de un vacío, déjala;
no pienses en ella, pues algún día sanará
y encontrará su lugar.
Bendita sea la penumbra que arropa mi ser:
por cada lágrima de soledad derramada,
será una extremidad menos la que me sostenga.
Tomaré mi pecho y lo romperé en pedazos;
arrancaré mi corazón para que, en mi tiniebla,
llegue el cuervo que me escolta y lo devore.
Que consuma mis entrañas y te entregue mis ojos
como el único recuerdo que quede de mí.
Y si tras el despojo aún me habita la conciencia,
será porque sigo en mi refugio, si es que sigue en pie;
pues cuando se derrumbe mi techo,
no quedará rastro de lo que soy, ni de lo que fui.
Adiós al futuro, adiós al pasado...
y bendito sea mi presente.

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