El cuervo

La Ofrenda de la Penumbra

Si mi alma se colma de un vacío, déjala;

no pienses en ella, pues algún día sanará

y encontrará su lugar.

Bendita sea la penumbra que arropa mi ser:

por cada lágrima de soledad derramada,

será una extremidad menos la que me sostenga.

Tomaré mi pecho y lo romperé en pedazos;

arrancaré mi corazón para que, en mi tiniebla,

llegue el cuervo que me escolta y lo devore.

Que consuma mis entrañas y te entregue mis ojos

como el único recuerdo que quede de mí.

Y si tras el despojo aún me habita la conciencia,

será porque sigo en mi refugio, si es que sigue en pie;

pues cuando se derrumbe mi techo,

no quedará rastro de lo que soy, ni de lo que fui.

Adiós al futuro, adiós al pasado...

y bendito sea mi presente.