¡De este lado de la orilla!

racsonando



¡De este lado de la orilla!

 

Dicen

—las que escribieron antes—

que una mujer no hereda el silencio:

lo rompe, lo nombra, lo rehace.

Dicen —también— 

las que aprendieron a guardar la memoria en la tierra,

que la palabra es semilla

y que el dolor, cuando se nombra,

ya no camina solo.

 No camina sola…

No camina sola…

Dicen también

que toda historia negada arde bajo la piel de la memoria,

y que basta una chispa

—una palabra, una casa propia, un grito—

para encender la noche.

 Ay…

enciende la noche…

Ay…

que nadie camina sola…

De este lado de la orilla,

las mujeres celebran el mapa vivo de su historia.

¡Ay, su historia!

Encienden —una a una—

sus tiestos de luz,

¡tic… tac… tic…!

como si el tiempo aprendiera a latir en sus manos,

para no volver a caminar a tientas

las empinadas cuestas de la mansedumbre.

 ¡Eh! —resuena— 

¡Eh! —despierta— 

El tiempo de mi pulso lame los minutos,

rumia —tic… tac…

— el amargo de sus horas.

 Ay… lo rumia… 

Del otro lado de la orilla,

otras tantas —sombras en vigilia—

intentan rastrear el estertor del día,

Ay… del día…

ese trazo invisible que se dibuja

cuando el reloj de los cansancios alucina en su medio día.

¡Tac… tic… tac…!

 Y el mundo

—partido en dos orillas—

no sabe aún si es herida o si es puente.

 Entonces:

—desde todas las lenguas—

una voz se levanta:

no tiene rostro,

no tiene patria,

no tiene nombre. 

No tiene nombre…

Y dice:

que ninguna historia

vuelve a dormirse en la ceniza,

Ay… no se duerme…

que toda mujer es orilla y es cauce,

madre… malembe…

malembe… tierra…

memoria… palabra…

y que el tiempo

—tic… tac…—

ya no se mide en relojes,

sino en fuegos que aprenden a no apagarse.

 

y que el tiempo

—tic… tac…—

ya no se mide en relojes,

sino en fuegos que aprenden a no apagarse.

 

  • Racsonando Ando / Osca Arley noreña Ríos.
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  • Autor: Racsonando (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 7 de abril de 2026 a las 12:00
  • Comentario del autor sobre el poema: Nota de autor — De este lado de la orilla Este poema nace en la frontera invisible entre lo íntimo y lo colectivo: una orilla donde el pulso individual se encuentra con la memoria de muchas. No fue escrito únicamente para ser leído, sino para ser pronunciado, respirado y, sobre todo, compartido como un canto. Su tejido se construye desde la imagen de dos orillas: una que enciende la luz de su historia y otra que aún camina entre sombras. En ese tránsito aparece la voz —no como propiedad individual— sino como herencia. Una voz que viene de otras mujeres, de otros tiempos, de otras luchas; una voz que no se cita, pero que habita el poema como semilla y como raíz. La presencia del ritmo (tic… tac…) no responde al reloj mecánico, sino al latido: al tiempo vivido, resistido y transformado. Por eso, el poema se desplaza desde la noción de medida hacia la experiencia del tiempo como cuerpo, como memoria y como fuego. La incorporación de sonoridades del Pacífico colombiano —el arrullo, la marimba, la percusión del cuerpo— no es un recurso estético aislado, sino un reconocimiento a las formas ancestrales de narrar, sanar y resistir a través de la voz colectiva. En este sentido, el poema dialoga también con las memorias indígenas de América Latina, donde la palabra no solo nombra, sino que siembra y resguarda la vida. “De este lado de la orilla” es, entonces, un canto de tránsito: entre el silencio y la palabra, entre la herida y el puente, entre el tiempo que duele y el que arde sin apagarse. Su intención no es cerrar un sentido, sino abrir un espacio donde otras voces puedan reconocerse y continuar el canto. Porque, al final, ningún poema pertenece a quien lo escribe, sino a quien lo escucha y lo hace suyo en su propia orilla.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
  • Usuarios favoritos de este poema: racsonando
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