Y así transcurre el tiempo, con su paciencia intacta, como si nada hubiera cambiado, como si el corazón no estuviera aprendiendo, en silencio, a latir de otra manera.
Y al final, cuando el día se disuelve sin preguntas, queda un eco leve que no sabe despedirse, como si nada… se negara a terminar.
Aun así, en medio de esa quietud que engaña, algo en nosotros se rehúsa a olvidar: que no era nada… y lo era todo.
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Rafael Blanco López
Derechos reservados
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Autor:
Luis Rafael (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 7 de abril de 2026 a las 10:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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