Su belleza es como un claro en la montaña,
donde el alba se queda suspendida,
y mi alma peregrina y temblorosa
se arrodilla sin saber por qué la mira.
Hay en su rostro un lirio silencioso,
una pureza antigua y escondida,
como si Dios, en íntimo desvelo,
hubiese puesto en ella su caricia.
Y yo la contemplo
como quien bebe en fuente cristalina,
repitiendo el instante dulcemente,
prisionero feliz de su neblina.
No puedo ya olvidarla;en mis entrañas
su imagen arde, suave y encendida,
y vuelve a mí, como una brisa leve,
a trastornar la paz de mi vigilia.
¡Oh dulce hechizo de su forma pura,
oh leve mal que al alma dulcifica!
Que en su mirar hay bálsamo y veneno,
y en su hermosura, eterna melodía.
Y así me pierdo, dócil y rendido,
sin ansia de salvarme en la partida
pues si es su belleza mi adicción y mi delirio,
¡bendita sea la herida!
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Autor:
Atrapasueños (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 7 de abril de 2026 a las 02:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 43
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, SienaR, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, Mª Pilar Luna Calvo, Sergio Alejandro Cortéz, Eduardo Rolon, Una voz, JUSTO ALDÚ, El desalmado

Offline)
Comentarios2
Preciada y preciosa tu lgenial manera de escribir poemas estimado Carlos
Recibe un fuerte abrazo de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa.
Amar también es sufrir, es parte del paquete.
Dios te bendiga.
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