Oficio De Cirujano

William26🫶

OFICIO DE CIRUJANO

 

 

No necesito la herida,

ni esa roja elocuencia desbordada

para que me crean.

Basta de gritos

y de esa costumbre de desgarrarse en público,

como si el dolor, por exhibirse,

ganase profundidad.

Hay una trampa en la sangre expuesta:

se vuelve argumento,

espectáculo.

Y la palabra —pobre animal—

termina comiendo de la mano del morbo.

Desconfío de la víscera inmediata,

de la lágrima con buena luz,

de ese temblor que sabe exactamente

cuándo caer sobre el verso.

Prefiero el rigor de la sombra:

cómo la herida se organiza sola,

cómo aprende a mentir con elegancia.

Escribir —lo sabes—

no es sangrar:

es administrar la sangre.

Elegir qué gota cae

y cuál se retira a tiempo.

El buen actor no muere:

finge con tal rigor

que el público olvida su pulso.

Así el poema:

no requiere lo vivido

para doler con exactitud.

Le basta una memoria prestada,

una imaginación entrenada.

Que la herida no grite: que respire.

Que no se exhiba: que sugiera.

Que no sangre en vano.

Que administre su condena

como un actor antiguo

que muere cada noche

sin haber muerto nunca.

Entonces el poema ocurre.

No como testimonio,

sino como engaño perfecto:

la verdad, astuta y silenciosa,

se hace pasar por ficción

y nos corta

sin mostrar el cuchillo.

  • Autor: Wii (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 7 de abril de 2026 a las 00:01
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 2
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