Frente a tu altar, mi Cristo escondido,
mi alma nerviosa, mi corazón herido.
Te busco y te amo, mas no sé buscar;
el peso del pecado me impide encontrar.
Tu cuerpo es el pan que alivia el vivir,
el agua que limpia la paz por venir.
Pero en mis manos solo hay cadenas,
y en mi corazón, tormentas y penas.
¡Oh Señor amado, tan cerca, tan lejos!
Tan lejos, tan cerca, caminos viejos.
Si pudiera, Señor, borrar mi caída,
volver a la fila que lleva a la vida.
Correría al instante, abrazaría tu perdón
y hallaría en tus labios y en mi corazón.
Perdería el miedo, con toda razón,
que alcanzaría el don.
Perdóname, Señor, no mires mi lodo;
sana mis llagas, restauras mi todo.
Pues solo en tu amor mi alma podrá comulgary en paz descansar.
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Autor:
Francisquico (
Online) - Publicado: 6 de abril de 2026 a las 22:00
- Categoría: Espiritual
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