Francisquico

Buscando sin buscar

Frente a tu altar, mi Cristo escondido,

mi alma nerviosa, mi corazón herido.

Te busco y te amo, mas no sé buscar;

el peso del pecado me impide encontrar.

 

Tu cuerpo es el pan que alivia el vivir,

el agua que limpia la paz por venir.

Pero en mis manos solo hay cadenas,

y en mi corazón, tormentas y penas.

 

¡Oh Señor amado, tan cerca, tan lejos!

Tan lejos, tan cerca, caminos viejos.

Si pudiera, Señor, borrar mi caída,

volver a la fila que lleva a la vida.

 

Correría al instante, abrazaría tu perdón

y hallaría en tus labios y en mi corazón.

Perdería el miedo, con toda razón,

que alcanzaría el don.

 

Perdóname, Señor, no mires mi lodo;

sana mis llagas, restauras mi todo.

Pues solo en tu amor mi alma podrá comulgary en paz descansar.