Paradoja del rastro
Te puse el cielo en la garganta y te dio náuseas.
Te entregué el pulso, pieza por pieza,
y lo masticaste con el hambre de una bestia ciega.
Te di el sedimento de mis horas
y lo escupiste con el asco del que se sabe servido.
Vomitaste mi devoción directamente en mi cara.
Me deshice de ti.
Me amputé mi propia sombra,
te dejé a la nada,
te negué el refugio de mi carne.
Y qué ironía:
ahora que el silencio te muerde los huesos,
es cuando tu sangre sale a cazar el pulso de mis venas. Despertaste.
Ahora que soy el hueco donde antes hubo incendio,
vienes a buscar la sangre caliente que tú misma despreciaste.
Yo me agrando en el olvido;
mientras tú, tan solo tú,
te pudres en el rincón de un mal recuerdo.
Autor: Álvaro Sampayo
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Autor:
Alvaro s. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de abril de 2026 a las 11:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Offline)
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