Me retiro a mi soledad eterna.
Enciendo esta noche una linterna
entre el frío que por esta ventana
entra a borbotones, como mi alma
en la muerta materia desvencijada
haciéndola jirones de blanca niebla.
Me retiro a mi soledad eterna,
aunque nunca daré por perdida
aqueya estreya que briya a oriyas
de mi vida, entre marea y arena...
Me voy volando al alba al despertar
a esta realidad tan extraña,
que se sueña, es la verdad...
Me voy flotando en una ola enfática,
a toda velocidad, cortando las aguas,
y la gran distancia que nos separa igual.
Cuando la civilización marciana colapsó el aire del planeta dejó de ser respirable y miles de cápsulas fueron disparadas hacia nuestro mundo, que entonces estaba habitado mayoritariamente por insectos gigantes y dinosaurios. Pocos de los colonizadores consiguieron sobrevivir a los grandes depredadores terrestres, aún teniendo armamento avanzado, pero los que sí lo hicieron construyeron ciudades fortificadas y se reprodujeron rápidamente, de modo que en un plazo relativamente corto se convirtieron en la especie dominante. Muchos de ellos eran maestros científicos y pusieron su aporte para la creación del ser humano. Los criaron como ganado en granjas durante milenios hasta que los hombres cobraron conciencia de sí mismos y empezaron a desarrollar un ápice de cierta inteligencia similar a la de sus padres estelares. Éstos, al ver la increíble evolución de sus hijos, decidieron darles albedrío y esconderse metidos en túneles, galerías y ciclópeas construcciones subterráneas, como ya habían hecho en su antiguo hogar, gracias a la sofisticada tecnología que manejaban con absoluta destreza. Desde lo profundo analizaron el proceso evolutivo y calcularon la probabilidades de una final autodestrucción. Los resultados de las simulaciones eran de lo más nefastos, y todos quedaron asombrados ante la semejanza con ellos mismos, que habían agotado los recursos de su planeta de origen y lo habían contaminado y devastado hasta volverlo completamente inhabitable. Concluyeron que el colapso de la humanidad no les afectaría demasiado, pues ya se habían habituado a vivir bajo el suelo, y que debían dejar a sus hijos escoger su propio camino. Y al fin de los tiempos salieron disparadas de la tierra miles de cápsulas, atravesaron el espacio vacío y cayeron sobre la estéril arena roja
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Autor:
Romey (
Offline) - Publicado: 6 de abril de 2026 a las 05:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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