EL DÍA QUE GUARDA SILENCIO

JUSTO ALDÚ

 

Hoy no pasa nada.

No hay milagros,

no hay discursos,

no hay pan que se multiplique

ni muertos que regresen.

Solo queda el eco.

 

Las calles siguen iguales,

la gente compra, habla, se distrae

como si el mundo

no hubiera perdido algo esencial

ayer.

 

El cielo no responde.

Es un buzón lleno

de oraciones sin abrir.

 

Y, sin embargo,

en ese silencio espeso

como tierra recién removida,

algo trabaja sin ruido.

 

No se ve.

No se anuncia.

No promete.

Pero insiste.

Como una raíz

que rompe la piedra

sin hacer escándalo.

 

El mal cree

que todo terminó.

Nosotros también, a veces.

Pero este día,

este día incómodo, suspendido,

sin señales,

es donde la fe

deja de ser espectáculo

y aprende a quedarse

cuando no hay nada

que mirar.

 

Porque el sábado de Gloria

no es luz todavía.

Es algo más difícil:

esperar

sin pruebas.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

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Comentarios +

Comentarios6

  • EVOLA.RL

    ¡Waooo!
    No pensé que hoy iba a encontrar algo tan hermoso, como tus letras. Las que se sienten desesperadas por un comentario dentro del silencio que existe en estos días.
    Pues te diré, que son escándalo sagrado. Me encantaron, porque sé que salieron de lo más profundo de tu ser.
    ¡FELICIDADES!👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏

    • JUSTO ALDÚ

      Muchísimas gracias estimada. Siempre es un placer recibir su visita y mucho más su comentario.

      Saludos.

    • El Hombre de la Rosa

      La bella poesía entrega con las trovas la esperanza de soñar estimado Pan amneño y fiel amigo Justo Aldu
      Saludos de Críspulo desde España
      El Hombre bde la Rosa

      • JUSTO ALDÚ

        Muchas gracias amigo Críspulo por tu amable visita. Hoy he querido bajar un poco la intensidad y solo exponer lo que representa internamente la convicción de lo que no se ve.

        Saludos

      • Javier Julián Enríquez

        Muchas gracias, amigo JUSTO, por este bello y reflexivo poema, en el que se puede apreciar cómo en la introspección de la quietud, donde la ausencia de eventos externos o milagros aparentes podría sugerir estancamiento, se revela una profunda labor interna. Así, el poema hace referencia a un vacío aparente, a la cotidianidad inalterada y a un cielo silente, como si se tratara de un receptáculo desatendido de súplicas. No obstante, esta aparente inercia constituye, paradójicamente, el crisol de una transformación sutil pero persistente. Por lo que la fe, despojada de su carácter de actuación y de la necesidad de confirmación externa, encuentra su verdadera esencia en la resistencia y permanencia ante la adversidad e incertidumbre. A este respecto, este período de espera, carente de señales evidentes o manifestaciones extraordinarias, constituye el verdadero escenario en el que se forja la convicción, no como un espectáculo, sino como un acto íntimo de perseverancia ante la ausencia de pruebas tangibles. Considerando esto, el mensaje subyacente es que la fortaleza espiritual no reside en la abundancia de milagros, sino en la capacidad de mantener la esperanza y la fe en la adversidad, en la convicción silenciosa que, como una raíz, irrumpirá con tenacidad, aún sin estruendo.
        Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

        • JUSTO ALDÚ

          Javier Julián:

          He leído tu comentario con detenimiento y gratitud, reconociendo en él una mirada que no se queda en la superficie, sino que desciende con cuidado hasta ese pulso íntimo donde el poema respira. Creeme que solo seguí el ritmo de los anteriores publicados esta semana. Un toque de anti poesía era pues necesario, por eso aprecias la paradoja con exactitud meridiana.

          En estos días, curiosamente, me vi también frente a imágenes traídas de Valencia y de otros lugares, talladas por manos españolas con una precisión que roza lo sagrado. Quedé profundamente impresionado; y aún más al contemplar un sagrario trabajado en oro, rico en detalles y filigranas, donde el arte del orfebre parece prolongar el silencio en forma de luz.

          Has sabido internarte con claridad en ese ámbito callado que el poema apenas sugiere: ese territorio donde lo aparentemente inmóvil no es vacío, sino una lenta y persistente gestación. Allí, como bien señalas, la fe se desnuda de todo artificio y se sostiene sin necesidad de señales, firme en su propia raíz.

          Agradezco la hondura de tu lectura y la fineza con que has sabido interpretar mis versos. Comentarios como el tuyo no solo acompañan, sino que también revelan nuevas dimensiones al propio acto de escribir.

          Recibe un cordial saludo y un abrazo sincero.

        • CARMEN DIEZ TORÍO

          Hoy parece que el silencio ha invadido hasta mi ordenador, porque no he sido capaz de entrar en la página con él y, al final, cuando me decidí a hacerlo desde el teléfono, perdí la señal y, con ello, el comentario; pero, como soy bastante terca, hasta que no he logrado entrar no he parado, jajaj. Pues no quería dejar pasar la oportunidad, querido amigo, de comentarte ya que tu poema, un día más, me ha llegado calado hondo ,haciéndome reflexionar. Tiene ese algo que sostiene ese “no pasa nada” sin que resulte vacío, sino lleno de una tensión silenciosa. Tus imágenes, como siempre, son maravillosas. Me encanta especialmente ese “buzón lleno de oraciones sin abrir” y la raíz que rompe la piedra, porque son sencillas pero cargadas de sentido: no necesitan explicación y, aun así, dejan eco. También me gusta esa manera de enfocar la fe como algo que permanece incluso cuando no hay señales ni respuestas .Gracias, un día más, por hacernos detener a reflexionar en este Sábado de Gloria. Feliz día. Un abrazo.

          • JUSTO ALDÚ

            Carmen:

            Me ha dibujado una sonrisa tu travesía tecnológica; casi puedo ver ese pulso terco —y entrañable— resistiéndose a que el silencio digital gane la partida. No creas que es un caso aislado: por estos lados también hay días en que el ordenador parece volverse un ermitaño y decide no responder a nadie.

            Te agradezco de corazón que, pese a esos tropiezos, hayas regresado hasta dejar tu huella. Tus palabras llegan con esa claridad que no necesita alzar la voz para hacerse sentir. Has captado de manera muy fina ese “no pasa nada” que, lejos de ser vacío, guarda una vibración contenida, como si algo estuviera a punto de revelarse sin prisa.

            Me alegra especialmente que te hayan resonado esas imágenes del buzón y la raíz; nacieron casi en silencio, y es hermoso saber que encontraron eco al otro lado. En el fondo, quizá de eso se trata: de seguir creyendo incluso cuando todo parece suspendido, cuando no hay señales, pero sí una persistencia íntima que no se rinde. La convicción de lo que no se ve.

            Gracias por tu constancia, por tu lectura y por esa complicidad que se va tejiendo palabra a palabra. Que este Sábado de Gloria te regale instantes de calma y luz.

            Un abrazo grande.

          • LOURDES TARRATS

            Just, amigo querido:

            Estas letras tan contenidas y tan verdaderas tienen una fuerza que no necesita alzar la voz. Has captado con una claridad admirable ese territorio difícil del Sábado de Gloria: el día en que no pasa nada, en que no hay señales, en que la fe deja de ser espectáculo y se vuelve resistencia silenciosa.
            Me ha impresionado la manera en que conviertes la ausencia en un espacio vivo: ese cielo que no responde, ese buzón lleno de oraciones sin abrir, esa raíz que trabaja sin ruido. Todo está dicho con una sobriedad que duele y, al mismo tiempo, ilumina.
            Tu poema revela algo esencial: que la esperanza no siempre brilla, a veces solo insiste. Que la fe verdadera no se sostiene en los milagros, sino en la capacidad de quedarse cuando no hay nada que mirar. Ese pensamiento tuyo —tan simple, tan hondo— se queda respirando mucho después de terminar el poema.
            Gracias por este texto tan honesto, tan humano y tan necesario.
            Lo he leído con admiración y con un respeto profundo por tu mirada.

            Abrazo con carino, porque:

            POetas somos...

            • JUSTO ALDÚ

              Querida Lourdes, mira que luego de leer tu comentario veo que sin dudarlo has visto en esa “nada” aparente un espacio vivo, porque justamente ahí —en lo que no responde, en lo que no brilla— es donde más se pone a prueba lo que somos. Tu lectura no solo acompaña el texto, lo ensancha, le da otra respiración, quizá si lo hubiésemos escrito en conjunto sería un complemento ideal. Eres muy buena desentrañando la esencia de los poemas.

              Un fuerte abrazo amiga
              POETAS SOMOS

            • Rafael Escobar

              Un poema empapado con la filosofía de San Ignacio de Loyola. Mi felicitación llega a ti con mi fraternal abrazo y mi leal aprecio a tu generosa amistad.

              • JUSTO ALDÚ

                Muchas gracias, Aníbal, por tu visita, lectura y generoso comentario.

                Hace algunos años leí a José María Castillo, teólogo español que fue cuestionado por la Santa Sede a raíz de su pensamiento dentro de la teología de la liberación, especialmente en su obra La ética de Cristo. De alguna manera, ese trasfondo ha quedado latiendo en estos poemas.

                No desde la teología como tal, sino desde una mirada más cotidiana: esa idea de que lo sagrado no siempre se presenta en lo extraordinario, sino en lo sencillo, en lo humano, incluso en lo que parece vacío. Una fe que no se vive como certeza brillante, sino como permanencia silenciosa, aun cuando no hay señales.

                Mi poema se mueve más en ese plano interior y existencial. No entra directamente en lo social o en la acción transformadora que plantea la teología de la liberación, sino que se detiene en la espera, en el vacío y en esa fidelidad desnuda que a veces toca sostener.

                En cuanto a San Ignacio, no sabría afirmarlo con certeza, pero sí siento que hay algo de ese discernimiento interior que mencionas, aunque quizás sin dar el paso hacia lo activo, quedándose más bien en la contemplación.

                Al final, no es tanto una filiación consciente, sino una forma muy personal de mirar y sentir.

                Un abrazo.



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