Hoy no pasa nada.
No hay milagros,
no hay discursos,
no hay pan que se multiplique
ni muertos que regresen.
Solo queda el eco.
Las calles siguen iguales,
la gente compra, habla, se distrae
como si el mundo
no hubiera perdido algo esencial
ayer.
El cielo no responde.
Es un buzón lleno
de oraciones sin abrir.
Y, sin embargo,
en ese silencio espeso
como tierra recién removida,
algo trabaja sin ruido.
No se ve.
No se anuncia.
No promete.
Pero insiste.
Como una raíz
que rompe la piedra
sin hacer escándalo.
El mal cree
que todo terminó.
Nosotros también, a veces.
Pero este día,
este día incómodo, suspendido,
sin señales,
es donde la fe
deja de ser espectáculo
y aprende a quedarse
cuando no hay nada
que mirar.
Porque el sábado de Gloria
no es luz todavía.
Es algo más difícil:
esperar
sin pruebas.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026