JUSTO ALDÚ

EL DÍA QUE GUARDA SILENCIO

 

Hoy no pasa nada.

No hay milagros,

no hay discursos,

no hay pan que se multiplique

ni muertos que regresen.

Solo queda el eco.

 

Las calles siguen iguales,

la gente compra, habla, se distrae

como si el mundo

no hubiera perdido algo esencial

ayer.

 

El cielo no responde.

Es un buzón lleno

de oraciones sin abrir.

 

Y, sin embargo,

en ese silencio espeso

como tierra recién removida,

algo trabaja sin ruido.

 

No se ve.

No se anuncia.

No promete.

Pero insiste.

Como una raíz

que rompe la piedra

sin hacer escándalo.

 

El mal cree

que todo terminó.

Nosotros también, a veces.

Pero este día,

este día incómodo, suspendido,

sin señales,

es donde la fe

deja de ser espectáculo

y aprende a quedarse

cuando no hay nada

que mirar.

 

Porque el sábado de Gloria

no es luz todavía.

Es algo más difícil:

esperar

sin pruebas.

 

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