EL MISTERIO DE LA CRUZ

Lincol

 

EL MISTERIO DE LA CRUZ


No hay dolor en la cruz,
sino un abrazo sin fin:
Dios que recorre el barro
y se mancha el perfil.

Viernes santo: la grieta
por donde entra la luz.
No es muerte lo que queda,
es amor hasta el sur.

El misterio no esquiva
la herida del que sufre,
la hace puente, semilla,
raíz que se desnuda.

Así, en la entrega total,
la cruz deja de ser madero:
es vértigo vertical
y horizonte verdadero.


— LMML

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Comentarios2

  • El Hombre de la Rosa

    Hormoso y bien escrito tu genial versar estimado poeta y amigo Lincol
    Saludos desde España
    El Hombre de la Rosa

    • Lincol

      Muchas gracias, querido amigo. Valoro mucho tus palabras y ese saludo que cruza mares.

      Un abrazo grande hasta España.

    • Javier Julián Enríquez

      Muchas gracias, estimado amigo Lincol, por este bello poema que representa una reinterpretación de la connotación negativa de la cruz, que presenta no como un símbolo de sufrimiento, sino como una manifestación de amor incondicional y divino. Así, la cruz se erige como una representación simbólica que evoca una metáfora de unión y trascendencia, que constituye un punto de convergencia entre lo terrenal y lo divino. En este sentido, se interpreta como un gesto de intervención divina que se entrelaza con la vulnerabilidad humana, y que sugiere una íntima conexión entre lo sagrado y lo mundano. En este contexto, Viernes Santo revela una representación que desafía la interpretación tradicional de la desolación, que sugiere una transformación simbólica que trasciende las limitaciones físicas y conceptuales. Esta reinterpretación, pues, se manifiesta en la metáfora de una «grieta por donde entra la luz», que se erige como un testimonio de la capacidad del amor para sobreponerse a las restricciones impuestas por la muerte. Considerando esto, la herida del que sufre se convierte en un puente, una semilla y una raíz que se manifiesta, lo que denota un proceso de crecimiento y revelación que emerge de la adversidad. En relación con esto, la renuncia a la materialidad de la cruz, representada por el «madero», confiere a la experiencia una dimensión existencial de «vértigo vertical» y «horizonte verdadero», que evoca una perspectiva que supera lo meramente terrenal y una plenitud alcanzada a través de la aceptación y el sacrificio.
      Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

      • Lincol

        Estimado Javier, gracias por tu lectura tan profunda y generosa. Has captado con gran sensibilidad la esencia del poema y la has enriquecido con una reflexión luminosa.

        Recibe un fuerte abrazo y mi sincero aprecio.



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