Para estas fechas, recuerdo que mi padre era un gran fan de las películas de Semana Santa. Le encantaba ver Ben-Hur, aquella película de 1959 que dura poco más de tres horas, y también Jesús de Nazareth de 1977, donde Robert Powell interpretó a Jesús, dejando una imagen inolvidable del personaje. Creo que eran sus dos favoritas.
Una escena clásica era llegar a casa y ver a mi jefe recostado, dándole sorbos, de vez en cuando, a su Coca Light mientras disfrutaba de estos filmes. Para entonces, mis padres ya habían ido a misa y habían asistido al tradicional viacrucis de la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio.
Iba a saludar a mi padre y me sentaba a su lado; platicábamos un poco y me compartía detalles de las películas, así como algunas curiosidades. Cerca de ahí, mi madre ya preparaba la comida; el aroma era exquisito. Era cuestión de minutos para que en la mesa se desplegara un sinfín de manjares: chiles rellenos, lentejas, pipián, nopalitos con chile rojo, capirotada o torrejas. Por cierto, la deliciosa agua fresca nunca faltaba, con fruta picada y lechuga, de ese característico color rojo que anunciaba que todo estaba listo.
A pesar de haber sido formado bajo la tradición católica, reconozco que asistí más veces a un viacrucis siendo un niño. No recuerdo la última vez que fui siendo un adulto; seguramente han pasado varios años.
Hoy, después de mucho tiempo, asistí de nuevo a un viacrucis, pero no al de las parroquias o iglesias, sino al viacrucis que representa la ausencia física de mi padre y el que me confirma que aquellos grandes momentos con la familia completa ya no volverán.
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Autor:
Astronauta (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de abril de 2026 a las 19:09
- Categoría: familia
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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