José de Jesús Camacho Medina

El viacrucis de tu ausencia física

Para estas fechas, recuerdo que mi padre era un gran fan de las películas de Semana Santa. Le encantaba ver Ben-Hur, aquella película de 1959 que dura poco más de tres horas, y también Jesús de Nazareth de 1977, donde Robert Powell interpretó a Jesús, dejando una imagen inolvidable del personaje. Creo que eran sus dos favoritas.

Una escena clásica era llegar a casa y ver a mi jefe recostado, dándole sorbos, de vez en cuando, a su Coca Light mientras disfrutaba de estos filmes. Para entonces, mis padres ya habían ido a misa y habían asistido al tradicional viacrucis de la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio.

Iba a saludar a mi padre y me sentaba a su lado; platicábamos un poco y me compartía detalles de las películas, así como algunas curiosidades. Cerca de ahí, mi madre ya preparaba la comida; el aroma era exquisito. Era cuestión de minutos para que en la mesa se desplegara un sinfín de manjares: chiles rellenos, lentejas, pipián, nopalitos con chile rojo, capirotada o torrejas. Por cierto, la deliciosa agua fresca nunca faltaba, con fruta picada y lechuga, de ese característico color rojo que anunciaba que todo estaba listo.

A pesar de haber sido formado bajo la tradición católica, reconozco que asistí más veces a un viacrucis siendo un niño. No recuerdo la última vez que fui siendo un adulto; seguramente han pasado varios años.

Hoy, después de mucho tiempo, asistí de nuevo a un viacrucis, pero no al de las parroquias o iglesias, sino al viacrucis que representa la ausencia física de mi padre y el que me confirma que aquellos grandes momentos con la familia completa ya no volverán.