Insomnio de agosto

Eduardo Villacal (seudónimo)

Como si hubiera dos vidas en una. 
Como entrar en túneles que desconozco. 
Es un segundo, pero son todos.

Cuando no puedo acordarme 
y sin embargo te recuerdo. 
Cuando a la vez soy yo pero soy otro, 
y sos vos, pero sos otra.

Como si al final fuera apenas un sueño, 
una forma nueva del abismo, 
un viejo salto al vacío.

Quién sabe adónde va a parar 
lo que pasó y lo que no pasó, 
si en tus ojos entra todo lo que existe 
y todo lo que no existió.

A veces quisiera no poder vivir sin verte. 
Dejar la tristeza entre paréntesis, 
poner el temblor en cuarto intermedio.

No sé por qué 
se me viene todo junto: el amor 
con los años que te olvidaron, 
te cubrieron, te borraron.

Cuando ya nada puede ser 
lo que tuvo que haber sido, 
algo de culpa pasa por mí, 
algo de culpa pasa por vos. 

Culpables y víctimas. 
Todo se explica apenas con eso.
Como si hubieras alterado la lógica 
de la mecánica, del álgebra, del tiempo.

Un aroma como de no existir, 
durar, languidecer, morir a cuentagotas. 
Pero al fin, nos pasa a todos 
eso de morir a cuentagotas.

Entonces, ¿por qué tenías que ser vos? 
La que sos: dulce, preciosa, innegable. 
La que no me quiso en su vida, 
o me quiso de lejos. Siempre de lejos.

¿Eso somos? De lejos. 
Como si no pudiera ser 
de otro modo en un universo vacío. 
Lejanía, distancia, ausencia.

Una vastedad en la que, al fin de cuentas, 
no estamos casi en ninguna parte. 
Una ausencia que es todas 
y a la vez no es ninguna. 
Una estimación de presencia.

Y la esperanza, que es siempre 
el origen del miedo, 
del error, de la angustia. 
La esperanza, 
como un humo que el tiempo disipa.

Como un afrodisíaco del olvido, 
de la soledad, del silencio.

Cada tanto repaso las mil razones 
que tengo para olvidarte. 
Pero lo cierto es que cuando te pienso 
nunca se me ocurre ninguna.

Porque yo te tengo 
cada vez que te recuerdo, sí, 
pero tenerte no es nada. 
Vivirte es lo que hubiera querido. 

Tenerte es un sustituto triste. 
¿Y qué puede ser más triste que un sustituto? 
Un amague de vida, 
un aplazamiento, no más, de la muerte.

Porque al final la vida se resume a quererte, 
y vos, rechazarme. 
Yo, que estoy siempre en algún lugar, 
y vos, que estás siempre en otro.

Y el tiempo, 
que no pasa, y se queda mirándonos 
sin saber qué hacer con nosotros.

Si la tristeza es el duelo, 
el amor es el misterio que estalla en tu mirada.
Como una cruz sin Cristo, 
o una antorcha sin llama.
Somos apenas una anotación al margen. 

¿Qué puede tener menos sustancia?



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