El tiempo aprendió a leer,
mapas que se hunden en la madera,
ciudades donde el hambre
no se nombra,
y manos que son cortezas de piel.
Descansan
sobre las rodillas,
como dos volcanes antiguos,
que sobreviven a la nieve.
Me acerco a tu sillón,
un templo. una paciencia
una respiración que no necesita
demostrar su espacio de vida.
En tu cuerpo hay un nudo
la dureza de la madera.
Aquí el dolor se anuda,
ahora deja las huellas
de todo lo que no se fue.
La ciudad gira sin detenerse,
Repitiendo lo que no entiende,
mientras guardas el silencio.
Miras,
hay una raíz que me sigue.
No vine a hablar.
la confesión del nudo,
dormida en la sangre
que también es mía.
Nuestras manos descansan
sobre tu sillón.
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Autor:
OscarCampos (
Offline) - Publicado: 1 de abril de 2026 a las 20:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 28
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, racsonando, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez, Sergio Alejandro Cortéz, Mª Pilar Luna Calvo

Offline)
Comentarios1
La palabra escrita con gracia y pasión envuelven tus letras con el cariño necesaruio para describir poesía estimado Oscar
Recibe un abrazoz cariñoso de tu amigo Críspulo
El Hombre de la Rosa
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