La noche es íntima y se desvanece
cuando de su boca roba el aliento
de las flores, cuando el cielo amanece
y su lágrima va rodando lento.
El rubor de sus pétalos impulsa
a los colibríes besar su tallo
a conquistar esa virtud convulsa
de volar sobre los miedos que callo.
Solo contempló la hierba y me sonríe
la piedra me delata y me convence
tocar la tierra hasta que desvaríe
el pensamiento que a mí me silence.
Camino por las calles solitario
y me preocupa aquella mirada
profunda que regala el adversario
cuando de la muerte encuentra a su amada.
La mirada se refleja en un charco
y yo me encuentro en una fantasía;
y yo me encuentro también en un barco;
no se que escribir en la poesía.
Perdonen esa introspección absurda
la noche vuelve sola a seducirme
quiere que mi memoria sea burda
cuando en la mañana quiera morirme.
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Autor:
David Pech (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 1 de abril de 2026 a las 13:20
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Carlos Baldelomar, Osler Detourniel, Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios2
La estrofa brota de tu pluma entregandose a tu genial versar estimado David
Recibe un abrazo de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias, saludos cordiales.
Aprecio tu estilo, poeta.
Un gustazo leerte.
Shalom, colega de la pluma
Muchas gracias, colega un saludo
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