La noche es íntima y se desvanece
cuando de su boca roba el aliento
de las flores, cuando el cielo amanece
y su lágrima va rodando lento.
El rubor de sus pétalos impulsa
a los colibríes besar su tallo
a conquistar esa virtud convulsa
de volar sobre los miedos que callo.
Solo contempló la hierba y me sonríe
la piedra me delata y me convence
tocar la tierra hasta que desvaríe
el pensamiento que a mí me silence.
Camino por las calles solitario
y me preocupa aquella mirada
profunda que regala el adversario
cuando de la muerte encuentra a su amada.
La mirada se refleja en un charco
y yo me encuentro en una fantasía;
y yo me encuentro también en un barco;
no se que escribir en la poesía.
Perdonen esa introspección absurda
la noche vuelve sola a seducirme
quiere que mi memoria sea burda
cuando en la mañana quiera morirme.