Caminando por la vida,
solitario estaba yo,
recordando mi pasado
y lo bueno que sucedió.
De las horas más felices,
de mañanas con calor,
de la brisa suave
y el susurro del viento.
Con cada piedra encontrada
hacía un castillo,
y en cada hueco
donde mis pies se hundían,
mi sonrisa florecía.
Aquel camino largo,
lleno de espinos en sus orillas,
se extendía a lo lejos,
hasta perderse en el horizonte.
La soledad era inminente,
el silencio, profundo,
pero mi esperanza ardía
como los rayos del sol
que atraviesan montañas y praderas.
En el caminar de mi vida
encontré mucha gente:
algunas buenas, otras malas,
pero en cada mirada hallé
un mundo distinto,
lleno de misterios y verdades ocultas.
Un día nevado,
cuando todo parecía ser nada,
y el mañana incierto
se cubría de sombras y dudas,
comprendí que los sueños
solo viven si el corazón los alimenta.
Y fue entonces,
entre los ecos del viento,
que tu nombre,
resonó en mi alma.
Tu amor llegó como un amanecer,
rompiendo la noche de mi tristeza.
Con tu ternura, aprendí
que siempre hay un motivo para seguir,
que la vida tiene sentido
cuando el corazón se entrega sin miedo.
Hoy sigo caminando,
ya no solo, sino contigo en mi pensamiento.
Tus ojos son mi faro,
tu voz, mi refugio,
y tu amor,
la esperanza que guía mis pasos
por este largo camino llamado vida.
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Autor:
johan esteban restrepo uran (
Offline) - Publicado: 31 de marzo de 2026 a las 20:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Antonio Pais, Eduardo Rolon, Sergio Alejandro Cortéz

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