¿Será suerte el día
en que alumbres esa puerta,
a quien debo esperar en vigilia?
Así pues, déjame levantarte.
Aquel ramal de espinos
rodea a tal amar,
sin dejar que la suerte sople
lo descabrajado que queda.
A tal corazón susurra
el ave real que seduce,
con flaqueza y amarra,
pues deja que entre.
En ese lúgubre sueño
te acompaño si te levantas;
si la suerte fue perderte,
entonces llévame con ella,
para perderme para siempre.
Las constelaciones se alinean
al infortunio de sus hijos,
quienes están desalmados
y sollozan en ese ocaso sueño.
Quebrado y roto rostro,
¿a quién miraría si no eres tú?
¿a quién tocaría si no estás tú?
¿a quién llamaría si no existes tú?
Me quedaría en ese marchito lago,
esperando al alba del crepúsculo,
si esas ráfagas celestiales
llaman a esa puerta, en velo.
Aquí te espero, como un fantasma
que siempre fui y seré.
A tal pasado he desarmado,
este presente el que atesoro.
Muéstrame, ave real, tus colores,
que desolado está el cielo;
de aferrarme al desvelo,
pues dejarte me ha consumido.
Al alba te escribo.
Al sol naciente te recibo.
Al solaz despierto te añoro.
A la noche eterna te acompaño.
Ford George.
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Autor:
Ford George (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 31 de marzo de 2026 a las 20:23
- Comentario del autor sobre el poema: Siento que todos llevamos un candelabro dentro de todos nosotros, un faro que nos permite guiar y guiarnos como parte que ofrecemos para el desatino destino.
- Categoría: Perdón
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, alicia perez hernandez, Eduardo Rolon, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
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