Nos honra cuando lo ofrecemos,
nos libera y nuestra alma calma;
al perdonar a quien te ofende,
muestras tu temple y tu sosiego.
Porque el otro supo tratar con respeto
a su semejante, sin envidia ni miedo,
juzgando en todo momento qué está sintiendo.
Al pagar con vil venganza,
nuestras propias manos mancha;
nuestro espíritu se quiebra,
y la paz nadie halla.
Siendo esto lo más difícil:
acallar nuestro demonio interior.
No es fácil, pues no tiene orgullo,
ni ambición, ni padece de envidia;
tampoco conoce el perdón,
solo se alimenta de nuestro valor.
Por eso es el guerrero más valiente,
aquel que sonríe siempre.
Hay que elegir bien qué batallas luchar,
pues no todas se podrán ganar;
las batallas valen energía
y posponer un conflicto no es cobardía.
No todas las guerras son luchadas con armas,
pero sí todas las hacemos los humanos con nuestras manos.
Dañando a quien perdonó y a quien nos enfrentó,
menos a quien lo ordenó...
Olvidando que ese poder
solo debía estar en la guadaña
que porta la muerte.
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Autor:
sominona (
Offline) - Publicado: 30 de marzo de 2026 a las 11:29
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Salvador Santoyo Sánchez, Santiago Alboherna, El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios2
Perdonar quizás sea lo más difícil q nos toca hacer debajo del cielo. Profunda e interesante reflexión en bello poema. Graciassss
La destreza de tu generosa pluma entrega las palabras a tus preciadas estrofas estimada Sominona
Saludos de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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