Pasaron los años.
Nadie llegó.
Y ahí sigue,
tendida en su alcoba,
abierta
no de cuerpo,
sino de espera.
Siempre dispuesta
a quien le diera nombre,
no por afecto,
sino por permanencia.
Los tacones,
gastados,
como si hubieran recorrido
más vidas que calles.
Su cama —
territorio—
donde otros dejaron
lo que no supieron sostener.
Piel intacta en apariencia,
pero marcada
por manos que no recuerdan
lo que tocan.
Y sin embargo,
qué memoria la de las mías.
Aún late aquella promesa
que no supe nombrar.
No eres de nadie.
Eso dicen.
Pero eres de todos
los que llegan a perderse.
Patria breve
de los desvalidos,
refugio de los que buscan
no vivir, sino olvidarse.
En el páramo
de lo que no fue,
apareces
como una revelación cansada.
No seduces:
permaneces.
No llamas:
esperas.
Y en tus ojos
—ya sin urgencia—
el día termina siempre
un poco antes.
Dime,
¿quién cumplió
la promesa
que te hice—
cuando aún no sabía
lo que entregaba?
la promesa
que te hice—
cuando aún no sabía
lo que entregaba?
¿dónde guardas
aquella moneda?
La que te entregué
sin saberlo,
cuando aún creía
que el deseo sería suficiente.
-
Autor:
Uriel F (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de marzo de 2026 a las 01:43
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de un lugar incómodo, de esos que no siempre queremos mirar de frente. Habla de una presencia que permanece, no por elección, sino por necesidad; de cuerpos que se cruzan sin encontrarse, de promesas que nunca se entendieron del todo. Más que contar la historia de alguien más, es también un intento por reconocer lo que dejamos en otros sin darnos cuenta… lo que entregamos sin saber su peso, y lo que, con el tiempo, regresa convertido en memoria, en deuda, o en silencio. Uriel Flores. Guadalajara 2005.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz
- En colecciones: Caníbal.

Offline)
Comentarios2
Cristo me cuida, abrazos
La destreza de tu generosa pluma entrega las palabras a tus preciadas estrofas estimado Poeta
Saludos de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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