Me desvisto, luego desisto.

D. G. T. Michele Mapol (Mussû)

«Pienso, por lo tanto, existo»,

siempre lo pienso

[cuando me desvisto,

mientras miro receloso el reflejo

[de un cuerpo entelequístico,

ya que tal vez yo no existo…

y, si no existo, por qué pienso —

en eso que no tiene mucho sentido—

al preguntar:

«¿por qué dudo yo tanto

[de lo que no he visto?»

 

Yo le insisto…

Yo le desisto…

¡Eh!, ¿esto…?,

[¿he visto…?,

¿por qué se deforma el reflejo

[mientras me desvisto?

 

No sé qué es este delirio,

solo pienso que es el reflejo

[que se fragmenta en el desquicio,

porque ya soy la quimera de lo que insisto:

la causa de una sucesión pasada

[de la acción atareada.

 

Atareo el pasar,

tarareo al pensar…

Cuanto más uno se muestra,

[¿por qué menos se reconoce?;

es absurdo este mero pensar,

el pensar…

en las cosas absurdas

[que dan al reflexionar…

 

Ya al final,

viendo el espejo crujir

[y fragmentar, yo expreso:

«yo no existo porque pienso,

ni pienso porque existo,

ya que cohabito porque sobrevivo,

y eso hace absurda mi existencia…»

 

¡Oh, existencia!

Yo solo insisto

[en el absurdo,

[en el reflejo,

[en la carne que se niega…

y, si insisto,

[y ni con eso me reconozco,

quisiera, al menos, decidir

[qué imagen en el espejo dejar vivir.

  • Autor: D. G. T. Michele Mapol (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 29 de marzo de 2026 a las 15:23
  • Comentario del autor sobre el poema: «Escribí, luego existí» fue una certeza al ser un poeta de lo que se desgarra, hasta en el pensamiento, y tal vez suene un poco absurdo si pensamos que del desgarro haya algún ápice de vida al considerarlo una gravedad, pero incluso en el desgarro encuentro más interés creativo que en la paz de un micropoema escrito en el parque por la temporada venusta, o también la estival… A lo que me refiero es que, desde ese punto de partida, pude escribir esto: considerando la base del poema —el cogito cartesiano— fragmentado por la paradoja de la noción camusiana. Pienso que es algo muy habitual en estos poemas existenciales, y admito tener cierta debilidad por estas dos corrientes al escribir sobre la deconstrucción del «yo», mientras cato calmadamente mi café matutino con un toque de ron, canela y nuez moscada. Entonces… podemos tantear un poco con que el poema sitúa el tema como un jaque directo a la base de la existencia racional, ya que en estas letras el pensamiento no confirma la existencia de una vida, sino que desvela la fragilidad de un personaje temporal y cambiante; su carne se desnuda, claramente, pero el reflejo no es lo mismo que cohabita en el sentimiento. Vemos un ser «entelequístico» —una forma completa, perfecta—, pero su portador se niega inconscientemente; en este punto, la identidad se disuelve y el «yo» se vuelve una quimera, un vestigio que sobrevive sin sentido. En esa contradicción esencial entre existir y no existir, entre pensar y no reconocerse, la voz poética resuena como eco de Camus —que sabe que vivir es lidiar con un sinsentido que no se puede justificar— y, al mismo tiempo, como la apuesta desesperada de Descartes por encontrar un punto firme; el sujeto del poema no encuentra refugio ni en la razón ni en la imagen, sino en la insurrección de la conciencia contra el vacío: una renuncia pensante, un despojo del «yo» que, sin embargo, persiste en la elección de qué fragmento de sí mismo desea dejar vivir. Así que esta obra se convierte en un diálogo íntimo y filosófico con la nada, una confesión sobre la fragilidad de la existencia y la resistencia absurda del pensamiento que se niega a desaparecer sin luchar.
  • Categoría: Surrealista
  • Lecturas: 3
  • Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, Antonio Pais
  • En colecciones: Versos Enrontonados.
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.