D. G. T. Michele Mapol (Mussû)

Me desvisto, luego desisto.

«Pienso, por lo tanto, existo»,

siempre lo pienso

[cuando me desvisto,

mientras miro receloso el reflejo

[de un cuerpo entelequístico,

ya que tal vez yo no existo…

y, si no existo, por qué pienso —

en eso que no tiene mucho sentido—

al preguntar:

«¿por qué dudo yo tanto

[de lo que no he visto?»

 

Yo le insisto…

Yo le desisto…

¡Eh!, ¿esto…?,

[¿he visto…?,

¿por qué se deforma el reflejo

[mientras me desvisto?

 

No sé qué es este delirio,

solo pienso que es el reflejo

[que se fragmenta en el desquicio,

porque ya soy la quimera de lo que insisto:

la causa de una sucesión pasada

[de la acción atareada.

 

Atareo el pasar,

tarareo al pensar…

Cuanto más uno se muestra,

[¿por qué menos se reconoce?;

es absurdo este mero pensar,

el pensar…

en las cosas absurdas

[que dan al reflexionar…

 

Ya al final,

viendo el espejo crujir

[y fragmentar, yo expreso:

«yo no existo porque pienso,

ni pienso porque existo,

ya que cohabito porque sobrevivo,

y eso hace absurda mi existencia…»

 

¡Oh, existencia!

Yo solo insisto

[en el absurdo,

[en el reflejo,

[en la carne que se niega…

y, si insisto,

[y ni con eso me reconozco,

quisiera, al menos, decidir

[qué imagen en el espejo dejar vivir.