San José

Juan Iscar


Sabía lo limpia que tenía el alma
pero ¿qué hacer ante tan clara evidencia?.
¿Cómo puede tener tan digna presencia
y estar con la luz que desprende su cara?.

Tal contradicción me tiene confundido.
En medio del vivo dolor permanece
esa ternura que irradia y resplandece
todo su ser en silencio protegido.

Su espíritu es suave y fuerte, recogido
en Dios, con firme, serena y alta nobleza.
Pacífica y amable con todo ser vivo.

De mente clara por su delicadeza
de corazón sin igual entre nacidos.
Pasaré la vida envuelto en la tristeza.

El ángel en la noche a mis sueños vino.

Mi intención era repudiarla en secreto.
Reconozco ahora el proyecto divino.
Me abandono en Dios y con su Gracia acepto

tutelar, proteger de lo que abomino
y de los peligros y todos sus riesgos
a la familia en la que Dios intervino.

Sé que su sensibilidad exquisita
del amor infinito de Dios procede.
Elegida por Él será firme puente
entre cielo y tierra mi Virgen bendita.

Con su luminosa cara y su sonrisa
donde la apacible bondad está impresa
a todos los seres humildes confiesa
que Dios es Padre y lo que ello significa.

  • Autor: Juan Iscar (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 29 de marzo de 2026 a las 15:23
  • Comentario del autor sobre el poema: Dos sonetos que están como reflejados por un espejo que sería el verso central. Este verso permite ver la extraordinaria espiritualidad y vida interior de San José que vecon la profunda fe la realidad del sueño.
  • Categoría: Religioso
  • Lecturas: 4
  • Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, Antonio Pais
  • En colecciones: Atardecer.
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