Juan Iscar

San José


Sabía lo limpia que tenía el alma
pero ¿qué hacer ante tan clara evidencia?.
¿Cómo puede tener tan digna presencia
y estar con la luz que desprende su cara?.

Tal contradicción me tiene confundido.
En medio del vivo dolor permanece
esa ternura que irradia y resplandece
todo su ser en silencio protegido.

Su espíritu es suave y fuerte, recogido
en Dios, con firme, serena y alta nobleza.
Pacífica y amable con todo ser vivo.

De mente clara por su delicadeza
de corazón sin igual entre nacidos.
Pasaré la vida envuelto en la tristeza.

El ángel en la noche a mis sueños vino.

Mi intención era repudiarla en secreto.
Reconozco ahora el proyecto divino.
Me abandono en Dios y con su Gracia acepto

tutelar, proteger de lo que abomino
y de los peligros y todos sus riesgos
a la familia en la que Dios intervino.

Sé que su sensibilidad exquisita
del amor infinito de Dios procede.
Elegida por Él será firme puente
entre cielo y tierra mi Virgen bendita.

Con su luminosa cara y su sonrisa
donde la apacible bondad está impresa
a todos los seres humildes confiesa
que Dios es Padre y lo que ello significa.