En vano, cual Ícaro, anhelo y quiebro
el sol que hiere con fiero albedrío,
mi lucha, necia y plena de desvío,
se quiebra en llamas contra el hierro y yelmo;
no es la luz foránea el cruel extremo,
mas un incendio interno, tan sombrío,
que convierte al gigante en débil río,
cuando la discordia se vuelve escudo.
¿No ves, quizás, que todo imperio cede
ante la grieta que su seno escinde?
el mismo pulso el frágil muro hiere;
y aun cuando el César en su trono puede
celebrar toda gloria, lento y grave,
mi ser deshace así cuanto él sostiene.
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Autor:
Javier Julián Enríquez (
Offline) - Publicado: 29 de marzo de 2026 a las 12:49
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, El Hombre de la Rosa, Lualpri, Llaneza

Offline)
Comentarios1
Cuando la pluma habla sus letras versan maravillosamente en tu bella poesía estimado Valencia no gran poeta y fiel amigo Javier Julñian Enriquez
Aludos de Críspulo desde Torrelavega
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias, amigo Críspulo, recibe mi más profunda y sincera gratitud por la lectura del poema y estimado comentario.
Te envío un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio desde València hasta Torrelavega
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