Javier Julián Enríquez

El frágil poder que se deshace

En vano, cual Ícaro, anhelo y quiebro
el sol que hiere con fiero albedrío,
mi lucha, necia y plena de desvío,
se quiebra en llamas contra el hierro y yelmo;

no es la luz foránea el cruel extremo,
mas un incendio interno, tan sombrío,
que convierte al gigante en débil río,
cuando la discordia se vuelve escudo.

¿No ves, quizás, que todo imperio cede
ante la grieta que su seno escinde?
el mismo pulso el frágil muro hiere;

y aun cuando el César en su trono puede
celebrar toda gloria, lento y grave,
mi ser deshace así cuanto él sostiene.