Por la cuesta del Chapiz

Juan Iscar



Por la cuesta del Chapiz

cae la luz del ocaso

de la tarde granadina

hasta brillar en el Darro.

Y allá en lo alto, luz rosada

que al Generalife arropa,

y al Veleta lo engalana

como si fuera de boda.

¡Qué crepúsculo tan bello!

¡cómo enaltece a la Alhambra!.

Quisiera cantar al cielo

para desahogarme el alma.

Conversar con un debel,

y danzar con los gitanos

y cuando llegue la noche

lucir de la Luna el halo

que me evoca tu alma limpia

y los ecos de los hados

que allá en Jesús del Valle,

susurran entre olmos altos.

¿Te acuerdas cuando paseabas

por la Cuesta del Caidero

y tu esplendor en la tarde

llenaba el espacio entero?.

¡Con que aire jovial te vimos!

Cómo el viento removía

aquél vestido amarillo

que a tu figura ceñía.

Mostradme vuestros colores,

los del alma y de la risa,

y los de aquellos dolores

del recuerdo de esos días.

Bien se yo que me olvidaste,

que nunca pensaste en mí,

en cambio, nunca dejaste

mi memoria y mi vivir.

El Generalife y tú

brilláis en la atardecida.

Sigues siendo tú la luz

que alegras noches y días.

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